EXEGESIS
He vuelto a recorrer
la vertical reciedumbre
con que te muestras al mundo,
ese tu porte de álamo,
de pluma de cóndor,
y esa lágrima corrida
que a veces figuras
en el rostro enjuto del continente
y que tantas veces acompaña
a quienes como tú
tienen estirpe de mascarón de proa
y no se huyen fácilmente.
He vuelto a recorrerte
como el viento entre las uvas,
la vocación de ángulo recto
de tus valles y montañas,
tu San Felipe adusto y señorial
pero comunitario,
porque sobreviven en él
los abrazos de las plazas,
los niños que se apropian de las calles
y que frente a la municipalidad
no pasan ahora sus entierros
sino el correteo de la bola tras el gol.
He vuelto a recorrer los tejidos de La Ligua
y las cordiales avenidas de su gente
que tanto sabe a pisco y a pan dulce
y que lleva tatuada la canción y la poesía.
He vuelto a recorrer
tus calles de Santiago
como si —de verdad— volviera
hubiese vuelto,
siento, muy en serio te digo,
que he vuelto a recorrer
tu corazón erguido a campanazos
como si hubiera sido desde siempre
tu habitante enamorado
He vuelto de soñarte
8266 días
24 años,
he vuelto porque de soñarte tanto
me acostumbré a tu cueca alegre
y a las penas de tus quenas,
porque me acurruqué en tu vientre
Chile,
corazón
erguido
a
campanazos


Marcos
Reyes
Dávila
y me habitué a tus úlceras
y habité en tu urticaria.,
He vuelto
—ˇvolveremos, volveremos!,
me decía ayer Isabelita Allende—
como si fueras la vértebra del continente expandido,
como si verte al fin
después de tanto soñarte
me hubiera roto el espinazo.
He vuelto después de los diecisiete,
después de vivir un siglo
como el musguito en la piedra.
He vuelto a soñarte otra vez
andes, huaso, mapuche, hostos,
he vuelto como Pablo Milanés,
como aquel poeta chileno residente en Canadá
que conocí en La Habana
con la alegría hecha añicos
una oda elemental a la melancolía
y su vino quemado entre las manos.
He vuelto como el Pablo verdadero,
el querido Pablo
a recorrerte como el viento
entre las uvas y los álamos
sinceros y nostálgicos
entre la tierra abofeteada que me muestras
y el mar revuelto desde lejos
que me señala el norte
y me coloca al sur
mejor que el sol del mediodía.
He vuelto porque he vuelto
y cómo no habría de volver a verte
más allá de las páginas de aquel periódico
con que lloraba tus sangres desde México
desde Isabelita Parra, ˇtan violeta!,
Y el Quilapayún
que me enseñó José,
Inti Illimani y Víctor Jara.
He vuelto
porque dueles dulce como el vino
y ardes como la parrillada
y acaricias mi corazón
como a las uvas el viento.

EXEGESIS