EXEGESIS
El autor es colombiano. Es Catedrático y director del Departamento de Humanidades del Colegio Universitario de Humacao. Es autor de numerosos artículos y libros de filosofía contemporánea, particularmente Focault.

Enrique Ubieta Gómez, Ensayos de Identidad, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1993.

El ensayista cubano, Enrique Ubieta Gómez, se propone en esta significativa obra presentar el pensamiento cubano del siglo XX desde una perspectiva latinoamericanista. Esta perspectiva es la de la identidad cultural. América Latina se puede pensar como la "otra cara de la civilización occidental, la "cara oculta", "la otra existencia de una misma realidad histórica" 1(1993, 14), su rostro alternativo.

El primer ensayo versa sobre panhispanismo y panamericanismo. Entre 1898 y 1922 surgió en Cuba el interrogante de si se debía asimilar el espíritu norteamericano. Ya en José Martí aparece el cuestionamiento con espíritu decodificador y latinoamericanista. Las primeras décadas del s. XX están marcadas aún por la filosofia positivista. Enrique José Varona es la figura descollante. Pero hay muchos otros escritores que, sin ser filósofos como Varona, hacen amplia expresión de las ideas positivistas. El destacado escritor Fernando Ortiz estuvo claramente ambientado en el positivismo. Adopta incluso algunas ideas del sociodarwinismo. Por ello explica las relaciones entre los estados como lucha por la existencia. A esta interpretación darwinista se opone Manuel Sanguily. Ortiz se enfrenta al hispanismo reclamando, en cambio, que lleguemos a ser cubanos completos. Políticamente no tenemos voluntad para ser españoles, tampoco queremos una mentalidad española. Hay que recordar que la tendencia general del positivismo latinoamericano fue su crítica del hispanismo y su mitificación de lo anglosajón. Ortiz hizo hincapié en el estudio de los elementos de composición racial del pueblo cubano, destacando la necesidad de estudiar el elemento africano. Ortiz negaba la unidad de composición racial hispánica.

En cambio, José María Chacón y Calvo dio importancia a los vínculos de la literatura cubana con la hispánica. Sugería la necesidad de estudiar comparativamente la literatura cubana, y esa comparación debía establecerse con la literatura hispánica.

El uruguayo José Enrique Rodó, con su superación del positivismo, ejerció liderazgo en las letras cubanas. Enrique Ubieta nos dice, sin embargo, que su anti-norteamericanismo no fue bien comprendido.

También el cubano Jesús Castellanos cuestiona el positivismo heredado. Se pronuncia a favor del panamericanismo y en contra del hispanismo.

José Antonio Ramos muestra un perfil anarquista de raigambre nietzscheana. Mario Guiral Moreno destaca la necesidad de cubanizar antes que de hispanizar o americanizar. Es necesario un programa histórico bien definido, de forjar un proyecto de nación dentro del espíritu cubano. Francisco González del Valle manifiesta un ateísmo radical. Hay en él una ruptura con la tradición. La moral es expresión de necesidades de la vida en sociedad. Se cree en lo sobrenatural por ignorancia y superstición. El cristianismo es una religión de muerte, de obscuridades y soledades. De una religión así sólo podía salir una moral enferma, dice el cubano inspirándose en Guyau. González niega que haya una ecuación entre religiosidad y moralidad. La educación de la niñez y la juventud no debe descansar sobre el miedo a Dios, sino en una moral inspirada en la experiencia y el ejemplo. Defiende el librepensamiento del pensador cubano José de la Luz y Caballero contra la apropiación que de él hace la Iglesia Católica. Para J. De La Luz el positivismo significaba apego a la experiencia, a la realidad y rigor en la demostración.

Enrique José Varona hizo el análisis sociológico del imperialismo, siendo el primer cubano en utilizar el término "anti imperialismo". Varona se muestra descontento con la actual (des)organización social. Se pregunta cómo organizar la sociedad adecuadamente. El derecho heredado no nos da una respuesta adecuada a ello. Varona, nos dice Ubieta, comprendió la ineludible necesidad de valores nuevos en lugar de refugiarse en valores periclitados. Tuvo la valentía de reenfocar su pensamiento en comparación con sus escritos de juventud. Por ello Ubieta no lo adscribe sin más en el positivismo, como tampoco adscribe a Fernando Ortiz. En el tercer ensayo hay también una referencia a Enrique José Varona. Se contrapone Varona y Martí. El pensamiento de éste, muerto en 1895, es el que marcará el pensamiento cubano del siglo XX; paradojalmente Varona, quien muere en 1 933, cierra el pensamiento del siglo XIX. Gaos comprendió el cambio ruptural que se produjo en Varona. En su juventud se asentó en el positivismo, pero el curso posterior de su pensamiento se afincó en análisis literarios y en artículos fragmentarios, que reflejan mejor su pensamiento que sus ideas juveniles. Inclusive Varona se dio cuenta del surgimiento del socialismo con ímpetu abarcador y reconoció que los moldes jurídicos heredados del individualismo, al que se adscribió en su juventud, ya no constituían una respuesta adecuada. Martí pensó la cultura como totalidad, percibe la identidad cubana como un proceso y sobre todo como creación. Si Varona se afmca en la duda escéptica, Martí asume la fe como principio inescapable, fe en el ser humano y en el pueblo. El héroe cubano auspicia la unidad de intuición y conocimiento. Su pensamiento es liberación, construcción de nuestra identidad. Asume la novedad, el poder de la naturaleza tropical, y la perspectiva universal latinoamericana. De todos modos, los intelectuales cubanos de comienzos del siglo se sienten vibrar en su proyección política y no meramente académica.

Hay algunas observaciones de Enrique Ubieta dignas de subrayar. Primeramente, cuando estudiamos la filosofía latinoamericana, nos dice, no podemos detenernos sólo en los filósofos "puros", quedaríamos circunscritos a unos pocos nombres importantes. La madeja del pensamiento filosófico es más amplia y es necesario verla en muchos otros escritores que reflejan las ideas filosóficas de cada contexto cultural. Segundo, hay que ver el contexto social en que se inscribe cada pensamiento. No ver sólo la intertextualidad, sino también la intercontextualidad. Tercera, se puede reconstruir la lógica histórica de la marcha del pensamiento. En ella muchas cosas que nos parecen hoy erradas, sin embargo, muestran su necesidad histórica. Cuarto, América Latina ha estado siempre en busca de la llamada modernidad. La paradoja es que hoy hemos llegado a un punto en que los centros metropolitanos han comenzado a cuestionar dicha modernidad. "La concepción posmoderna realiza una advertencia válida sobre todo para los países subdesarrollados. ... Si, en efecto, pueden considerarse los propósitos y esfuerzos de la modernidad conclusión de la prehistoria (Marx) , o como quieren los defensores de la posmodernidad, desalentados y sobre todo, desalentadores ante cualquier proyecto social superador de la historia misma (parálisis general o repetición infinita) es porque la modernidad capitalista, la sociedad industrial burguesa no es ajena a la premodernidad, no pueden prescindir de pueblos premodern os, abastecedores de materia prima, de mano de obra no calificada y de mercados, y en consecuencia ineludible, de sistemas culturales alternativos; es porque su proyecto de riqueza incluye también la pobreza, porque, en fin, la modernidad no puede rebasar el ‘pasado" como se ha querido demostrar, apartir de los propios intereses de la dominación, delimitando lo civilizado de lo bárbaro y lo culto de lo popular; la modernidad es una realidad histórica que incluye tanto al dominado como al dominador. Es, por tanto, absurda la pretensión de algunos tercermundistas, de alcanzar la modernidad, como si estos los excluyera, como si pudiese ser sólo una parte autónoma de la totalidad’. (: 79)


Wilmer Colón (puertorriqueño):
Carolina (Medio mixto sobre lienzo
23"x26" Colección C. Castellar)

Los autores analizados se enfrentaron al problema de la identidad cubana frente a las foraneidades, lo hispánico, lo norteamericano, lo europeo. En su momento no era posible una solución adecuada. Fernando Ortiz ofreció algunas respuestas parciales a lo largo de toda su obra. La perspectiva latinoamericana no había cristalizado bien en ese momento. Después de todo el problema de nuestra identidad latinoamericana no es uno ya resuelto.

El segundo ensayo versa sobre el eminente cubano Juan Marinello (1898/1977). Su poesía originariamente se da en forma mística, contemplativa. Pero hay también humanismo, el sentido de lo humano no se da fuera de lo h u m a n o. Marinello establece una dialéctica entre lo nacional y lo universal. Es necesario un enfoque nacional que nos identifique dentro de un perfil propio y muestre la diferencia de esta colectividad humana. Pero al mismo tiempo debemos estar conscientes de la integración al mundo como sus miembros. Esa dialéctica bien puede sintetizarse en sus propias palabras: "Ir a lo vernáculo con ojos extranjeros y a lo extraño con ojos cubanos". (Cit. en Ubieta, 1993, 97) Desde luego, hay también lo más difícil, pero no imposible: "Hacer ojos cubanos para con ellos interpretar lo propio y lo extraño". (Cit. en Ubieta, 97) Hay escritores que, efectivamente, hacen que sus personajes hablen en cubano. Lo nacional no puede ser cosa epidérmica. Marinello se queja de que América no ha llegado a ser aún América, no ha llegado a ser algo distinto de Europa, en esencia. Incluso nuestros propios artistas ven en forma pintoresca, extraña y hasta morbosa nuestra propia realidad. Tratar de ser exóticos para con nosotros mismos es algo que en realidad no tiene mucho sentido. Lo nuestro no es la nieve, sino el verde esplendor de nuestra naturaleza tropical. Nuestra lengua castellana es un poderoso factor de españolidad, está toda ella atravesada de lo peninsular. Nuestra lengua tiene que ser otra en campos y ciudades sin perder, desde luego, su filiación. Ubieta resume muy bellamente el pensamiento de Marinello al decir que: "Toda búsqueda de una identidad cultural tiene una significación política y toda búsqueda honesta de una identidad política, tiene también una significación cultural". (: 100) El intelectual tiene una responsabilidad, precisamente porque goza de libertad. Pero como la libertad se hace cada vez más peligrosa, se rehúye la responsabilidad. Ubieta nos indica muy claramente cómo Marinello fue un verdadero testimonio de compromiso y cubanidad.

El cuarto ensayo toma en consideración dos análisis de la eticidad cubana. Uno el del poeta católico Cintio Vitier y el otro el del poeta marxista Fernández Retamar. Del primero es la bellísima obra Ese sol del mundo moral. Para una historia de la eticidad cubana. (1975) El cual, más que análisis filosófico, es uno histórico interpretativo. La eticidad de Vitier, nos recuerda Ubieta, enraiza en lo íntimo del pensar de Martí. "El amor nos permite comprender la belleza del otro, nos enseña sus motivaciones y nos muestra, por tanto, la raíz de la injusticia; la verdad, que se aloja más allá de las simples apariencias, no es ajena a la justicia. Pero sólo el hombre libre puede encontrarse consigo mismo y contemplar el universo desde el amor; sólo la libertad es natural y la naturaleza es bella porque en su rigurosa concatenación causal es libre". (Ubieta, 1993, 148.) El discurso moderno ve la naturaleza como la barbarie y al hombre ligado a la civilización. La libertad, la igualdad y la fraternidad quedaban excluidas del mundo no-europeo. Martí enaltece al hombre natural y armónico frente al artificoso y sumiso. El pensamiento latinoamericano de las luces se atiene literamente al texto, no es simbólico . Es instrumento de acción y de ahí, nos dice, Vitier, su originalidad ética. Para Vitier la historia de Cuba es la de una especial eticidad que se hace presente en sus mejores seres humanos y en los hechos más significativos. Si en la poesía de Heredia se percibía la justicia desde la belleza, en los campos de batalla se percibe la belleza del mundo desde la justicia.

Para Retamar, Martí pertenece a otro mundo, no al eurocéntrico, sino al nuestro, al tercer mundo. Retamar retoma la figura shakespeareana de Calibán para reivindicar al esclavo insurrecto, el que maldice en la lengua que le enseñaron sus dominadores. La cultura cubana es hija de la revolución. Próspero explota la naturaleza con la ayuda de Calibán. "La explotación irresponsable de los recuros naturales, incluye la explotación de los recursos humanos "calibanescos" (:154) Ubieta concluye acertadamente que la respuesta a los problemas ambientales tiene que pasar por una adecuada respuesta a los problemas humanos. Hombre y naturaleza interactúan, se salvan o se pierden juntos. "La modernidad se ha resignado a compartir su espacio con la premodernidad y la racionalidad moderna, eurocéntricay codiciosa como sus hombres, se siente impotente ante los desaflos de la sinrazón> tal estado de cosas es caftficado de posmoderno. Pero la ética de los pobres es más universal porque no pretende transformar a estos nuevos dominadores, sino eliminar la dominación: la justicia social es el fundamento de la justicia natural".(:155) La cultura posmoderna se halla sumida en la ausencia de parámetros. La racionalidad moderna del capital y de la ciencia vulnera fácilmente la "irracionalidad" de las culturas tradicionales. Surge, entonces, la anarquía, la abolición de las fronteras entre lo civilizado y lo bárbaro, lo culto y lo popular. Se deja de creer en el progreso y en la historia. Pero esta historia es una histeria no de los marginados sino de los metropolitanos en los centros de poder y sus secuaces en los márgenes. Los marginados siempre han pensado que la identidad del ser humano está en la diversidad. Fernando Ortiz lo sabia por todos los que lo han olvidado. El discurso posmoderno revela la impotencia del discurso conquistador. "No somos otra realidad que debe alcanzar un estadio superior representado en modelos importables, sino otra cara de una misma realidad sin la cual los ricos (y los países ricos) no serían tales". (:178) Para nosotros la historia está por delante. Hoy es necesario el respeto a las culturas populares con sus respectivos modos de vida; la recuperación de sus valores culturales y la valoración de sus experiencias colectivas.

La modernidad requiere ser desmitificada. Hoy vivimos en un mundo en el que somos interdependientes. No somos un espacio para nuevas conquistas, sino culturas sujetadas que necesitan ellas mismas la recuperación de su historia. "Recuperar la historia de nuestro pensamiento, que no es la historia de las doctrinas europeas mal o bien entendidas, sino la historia de nuestras desdichas y esperanzas, de nuestros proyectos sociales. No copiar al rico y no sólo por la imposibilidad de recursos sino por el hecho incontestable de que su modelo de vida abundante se sustenta en la carencia de otros, porque la igualdad efectiva de los hombres presupone una reorientación de sus necesidades". (:184) Ya Enrique José Varona nos advirtió que el individualismo lleva al super-individuo y a la negación de la individualidad colectiva.

El texto de Enrique Ubieta Gómez es rico y sugestivo. Retoma la historia del pensamiento cubano de nuestro siglo en lo que respecta a nuestra identidad latinoamericana y cubana en especial. Martí, Varona, Fernando Ortiz, Vitier, Lezama Lima atraviesan el texto con sus planteamientos enriquecedores, sus reflexiones críticas y sus perspectivas fecundas. Del texto podemos aprender mucho para emular el recuento de las identidades de cada uno de nuestros propios países. Se requiere conocimiento amoroso de nuestros pensadores, intimidad con ellos, perspectiva histórica para situarlos con justicia y voluntad de aprendizaje. Elementos todos que hallamos en el texto de Ubieta. Finalmente, pero no menos decisivo, el autor nos plantea en distintos momentos oportunos cuestiones relacionadas con los temas de la posmodernidad. Lo hace con sentido crítico y ofreciendo respuestas que merecen detenida reflexión. Los pueblos marginados constituyen la otra cara de la modernidad; la pobreza como secuela de la riqueza explotadora a nivel mundial. Cara y cruz de una misma moneda. Lo que debe llevamos a cuestionar los modelos de desarrollo que han dominado nuestras recientes perspectivas políticas. Ante todo, se trata de ser nosotros mismos. El libro de Ubieta, escrito con serenidad pero con entusiasmo, es ejemplar en lo que toca a la reapropiación de nuestro pensamiento latinoamericano.

 


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