Publicada el 29 de septiembre de 1999.
LA ETICA COMO AUTOGESTION DE LA LIBERTAD



Carlos Rojas Osorio

EL HILO CONDUCTOR que da contenido a la Ethica nova (Hato Rey, Ediciones Puertorriqueñas, l998) es lo que se puede denominar la autogestión de la libertad. En efecto, ya desde el prólogo Rodríguez Rubio anuncia este lugar céntrico de la libertad en la ética retomando las palabras de Foucault: "...Yo creo que estamos olvidando completamente el problema moral. El problema moral, sostengo, es la práctica de la libertad". (p. XIII) Y este hilo conductor se mantiene cuando el autor nos habla de la definición de la ética. Sin libertad y responsabilidad no puede existir conducta moral. El objeto de la ética no son los actos tomados atomísticamente, sino la personalidad total, incluyendo en ella actos, carácter y hábitos. La personalidad se forja un ethos, o carácter. Ethos es por cierto el término griego que da origen a nuestra expresión castellana ética. Heidegger entiende dicho ethos como morada, "la zona abierta donde el ser humano mora". Ese ethos, o morada, o carácter, no es una naturaleza ya dada al ser humano, no tiene una fuente instintiva, sino que, por lo contrario, se eleva por encima de la sola naturaleza. Con Aristóteles se afirma la ética sobre la base de la libertad, es decir, la deliberación y el razonamiento "acerca de cómo debemos vivir mejor". El ser humano construye esa morada o carácter a partir de sí mismo, es una autogestión de la libertad. En esa misma línea Rodríguez cita nuevamente a Foucault para decirnos que la ética "es el trabajo del individuo sobre sí mismo: dar estilo a la vida, constituir el propio yo como una obra de arte al margen de constricciones normativas". (p. 10)

Rodríguez. al bosquejar la ética de Sócrates, nos dice, en la misma línea de la ética de la libertad, que "no son los dioses los que dicen qué sea la virtud, ni es la tradición, es el hombre quien se enseña a sí mismo". (16) Y Platón destacará que la "buena vida le pertenece al que tiene dominio de sí mismo"; es decir, cuando el ser humano es "dueño de sí mismo". (p. 17) Asimismo, hablando de la ética de Spinoza se nos dice que "el principio del conatus implica un amor de sí, en este sentido, el cuidado de sí es un corolario de su pensamiento. Vivir, en su sentido más hondo, es crecer en el ser, evolucionar, desarrollarse". (: 73) La máxima del amor de sí tiene una raíz vitalista que nuestro autor encuentra en Spinoza, Nietzsche, Foucault y Fernando Savater. Spinoza es bien claro en decirnos que el gobierno de sí se ejerce desde la razón, desde el conocimiento de nuestros propios afectos: porque es el conocimiento el que hace activo al afecto convirtiéndolo en deseo consciente.

En Kant se subraya la autonomía de la moral. Tampoco en el filósofo germano la ética viene ni de Dios, ni de la sociedad, ni de la naturaleza. Es la razón práctica la legisladora de nuestra conducta ética, si bien ella constituye por sí misma una norma universal que radica en el imperativo categórico. La moral no le viene dada al individuo desde afuera. En Nietzsche se subraya la crítica de la moral y las costumbres homogeneizantes, el predominio abrumador de las masas. Y como antídoto una ética de autosuperación.

En el capítulo 20 se desarrolla con detenimiento el tema de la libertad y la responsabilidad. Escribe Rodríguez Rubio: "La moral se origina mediante una capacidad única del hombre por la que se distingue de todo animal, y es que, frente a la realidad, el ser humano puede tomar distancia de las cosas". (: 137) Y con Séneca se afirma que el ser humano no depende sino de sí, es "uno de suyo" "suum fieri, suum esse. Y en esa misma línea Foucault escribe que uno está en posesión de sí mismo. Aristóteles recalca que el ser humano puede decir No, y por ello depende de nosotros el realizar un acto vergonzoso o no realizarlo. La ética supone la responsabilidad, y la responsabilidad supone la libertad. Pero żen que descansa la libertad? Rodríguez Rubio se inclina a entender la libertad como capacidad de elección. "Lo que quiere decir es que sólo cuando elegimos el acto es moral". (142) Desde luego no se trata de una libertad absoluta, pues Rodríguez Rubio nos llama la atención al hecho de que también hay una parte de nuestra conducta que es inconsciente y al hecho, fundamental para la moral, de la existencia del carácter, el cual se forma sobre la base de nuestros hábitos adquiridos. Por otra parte, los valores morales tienen la característica de que su realización depende de nuestra libertad y responsabilidad. Se asume la idea de von Hildebrand cuando afirma: "La libertad de la voluntad es un presupuesto esencial para los valores morales". (: 146)

Ahora bien, aunque el ser humano es constitutivamente libre, sin embargo, los muchos obstáculos y cadenas que aprisionan su libertad lo obligan a que su libertad sea una lucha incesante, una autogestión que no acaba sino con la muerte. Rodríguez Rubio desarrolla esta línea de pensamiento siguiendo muy de cerca a Erich Fromm. Mientras no nos liberemos de la moral que se asienta sobre la conciencia autoritaria, no lograremos el verdadero sentido libertador de la ética. La autogestión de la libertad significa el rompimiento con estructuras morales autoritarias y la puesta en franquía de una conciencia libre y humana Humanista la llama Fromm. Escribe el autor: "La conciencia autoritaria, por una parte, interioriza la autoridad por temor, y, por otra, ella misma se aplica esa autoridad con el mismo rigor que el tirano exterior". (148) Insiste también , con Piaget y Kohlberg, que para lograr esa práctica de la libertad es necesario un desarrollo, "la posesión de una personalidad autónoma, libre, crítica, con capacidad para darse a sí misma las leyes de su conducta". (149)

El capítulo sobre la libertad y la responsabilidad concluye con una amplia referencia a Foucault. El autodespliegue de la libertad se entiende aquí como cuidado de sí mismo, inquietud por sí mismo, "uno se ve llamado a tomarse como objeto de conocimiento y campo de acción, a fin de transformarse". (cit. p. 152) La ética es para Foucault, escribe Rodríguez, "el arte de edificarse, construirse a sí mismo con este souci de soi, con este cuidado de sí.". Los antiguos nos enseñan, dice Foucault, que la "ética como práctica deliberada de la libertad tuvo este imperativo ético; cuida de tí". (: 152) La idea es hacer de nuestra propia vida una obra de arte.

En el capítulo 25 se toman nuevamente las ideas foucaultianas en torno a la ética como técnica de transformaciín de sí o ars vivendi. Las tecnologías del yo, "permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia, o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad". (Citd. p. 194) Y Rodríguez comenta: "El carácter moral no es, no debe ser, producto del azar, sino que es una obra que se hace con el cuidado que un artista pone en una obra de arte. Para los griegos era' tecné tou biou', técnica de la vida, cómo alcanzar la vida buena, cómo vivir". (: 194) Se trata de ser amo de sí mismo. También escribe Rodríguez: "La vida moral es una actividad de autoformación del "yo"". (195). Foucault denomina a esta actividad autoconformadaora una "estética de la existencia".

Rodríguez se muestra asumptivo con respecto a esta etica foucaultiana. Está muy consciente del hecho de que se trata de una ética individual, estrictamente personal, puesto que la ética no es sino el estilo de vida que nos damos nosotros mismos. También está consciente de que ésta ética foucaultiana ha sido tildada de individualista. Pero también nos llama la atención acerca de algunos textos en los que Foucault recalca que esa ética del cuidado de sí, del gobierno de uno mismo, tiene un efecto muy positivo en la sociedad. Para ello cita las siguientes palabras de Foucault: "una sociedad en la que cada uno esté debidamente interesado de sí será una sociedad que funcionaría bien y encontraría en ello el principio de su estabilidad". (citd. p. 153).Nuestras sociedades serían mucho mejores si cada uno cuida de sí mismo hasta el punto de ejercer un auténtico gobierno de sí mismo, un autodominio.

Un segundo principio que articula la Ethica nova es el de la vida democrática. Rodríguez Rubio desarrolla esta temática con la ayuda de autores como Popper y Rawls. La libertad de la cual hemos hablado muy ampliamente en lo hasta ahora reseñado, tiene mayor vida y desarrollo en una sociedad democrática. Por eso nuestro autor se esfuerza en sentar las bases de esa sociedad que permite la libertad. La justicia será entendida, entonces, como el reconocimiento del mayor espacio de libertad para todos. Y es Rawls quien desarrolla esta idea. Escribe Rodríguez. "Si la sociedad es necesaria para el hombre, es decir, para sobrevivir en condiciones mucho mejores que si viviera aislado, en cuanto es una "empresa cooperativa", hay que preguntarse cómo sería la sociedad realmente justa". (: 113) Rawls articula sus ideas de la sociedad partiendo de la tesis contractualista, es decir, de la idea de la sociedad como un convenio justo. Esta idea de la sociedad se basa en dos principios. "Cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás". (116) Por otro lado "las desigualdades sociales y económicas habrán de disponerse de tal modo que sean tanto a) para proporcionar la mayor expectativa de beneficio a los menos aventajados, como b) para estar ligadas con cargos y posiciones asequibles a todos bajo condiciones de una justa igualdad de oportunidades". (116). Cuando ingresamos en sociedad, al nacer, encontramos siempre desigualdades, pero por ello mismo se hace necesario "rectificar ese desorden inicial con el esfuerzo cooperativo". Rawls parte también de la autonomía de la ética en sentido kantiano. Es decir, la idea de considerar a la persona como un fin en sí mismo. Rodríguez concluye diciéndonos que el neocontractualismo de Rawls no pretende establecer un modelo de vida para todo el mundo, sino que ese modelo se deja a cada vida individual. "En el pensamiento de Rawls están las bases para el desarrollo de una sociedad liberal y democrática "bien ordenada", lo que quiere decir justa. Y sobre todo, que en tal sociedad el individuo tiene un bien que no se pone en juego nunca: la libertad". (120)

Un tercer principio que RR desarrolla en Ethica nova, y que también es de carácter social es el del trabajo y el ocio. Las distintas civilizaciones han dado deiferentes valoraciones del trabajo. Los griegos veían el trabajo como una actividad para esclavos. El cristianismo comienza a revalorizarlo en aquél famoso precepto de 'ora et labora'. El protestantismo, especialmente con Calvino, lo convierte en un valor fundamental alrededor del cual hace girar toda la vida social humana.

El autor detiene en la concepción del trabajo en K. Marx. "Marx expresa el ideal del hombre fáustico. El fin de la vida es el despliegue de las potencias humanas, la realización de su esencia. Por lo cual la desalienación del hombre es la meta del cambio social". (218) Una sociedad enajenante es aquella en que el trabajo es sufrimiento, y sólo se disfruta cuando el trabajo acaba. En cambio, para Marx "cuando (el ser humano) va tras una meta que el hombre mismo pone y construye, es trabajo que produce gozo. Y no es gozo sólo por el producto, sino por el proceso que lo crea, que es más importante que el producto mismo. Es decir, no se trata de adquirir riquezas y poder sino desarrollar las potencialidades humanas". (218). De todos modos, se advierte, con razón, hoy ya no es posible definir al hombre sólo por el trabajo. "Si entendemos, que es una expresión sobresaliente de la personalidad humana por la que la vida potencia su espacio de energía creadora y se plenifica en gran medida. Pero no es lo único que da sentido a la existencia. Esta dimensión de la vida, la del trabajo libre y creador, se complementa con otras direcciones,... como es el ocio, el amor y las solidaridad". (219) Finalmente, nos advierte que no debemos igualar la valoración que hace Marx del trabajo con la del calvinismo. "Pues esto sería olvidar el esfuerzo que éste (Marx) hizo en liberar el trabajo humano de esa animalidad mentada, para humanizarlo". (219) El trabajo de que nos habla el calvinismo es la "bestia de labor" en la irónica expresión de Heidegger. Calvino se muestra como ideólogo del trabajo en la moderna sociedad capitalista. Y Marx, en cambio, piensa las bases para que una sociedad libere el trabajo y se convierta en algo verdaderamente humano.

Un penúltimo tema de la Ethica nova es el de las virtudes. El autor sigue la tesis de Frankena conforme a la cual aunque no pongamos la virtud como centro de la ética, tampoco puede hacerse una ética sin virtudes.

Rodríguez lanza una hipótesis, que él mismo juzga atrevida, y supone que lo que Foucault denomina "tecnologías" del yo" podría quizá entenderse como virtud. Es cierto que Foucault no habla de virtudes. Pero, a mi modo de ver, se puede retomar la idea del Renacimiento italiano, según la cual, virtú es poder, potencia, es decir, autopotenciamiento del ser humano. Recordemos también que Spinoza retoma del Renacimiento esta idea de la virtud como poder. Foucault no era ajeno al pensamiento de Spinoza, como tampoco lo era Nietzsche. Escribe Spinoza: "La virtud es la potencia humana misma, que se define por la sola esencia del hombre, esto es, que se define por el solo esfuerzo que el hombre realiza por perseverar en su ser. Luego, cuanto más se esfuerza cada cual por conservar su ser, y cuanto más lo consigue, tanto más dotado de virtud está". (Etica, IV parte, prop XX, trad. de Vidal Peña).

En cierto modo Rodríguez utiliza esta noción, pues en el capítulo sobre el carácter alude a Erich Fromm para quien "la vida moral consiste en activar las potencialidades hasta su máximo desarrollo", pero, a su vez, es Spinoza quien inspira a Fromm. Y de hecho Fromm trae varias citas de Spinoza que también reproduce nuestro autor Escribe Fromm. "Por virtud y poder dice Spinoza entiende lo mismo"....La virtud según Spinoza, es idéntica al uso que el hombre hace de sus propios poderes y el vicio es su fracaso en este uso; la la esencia de lo malo, para Spinoza, es la impotencia". (ctd., p. 71)

Rodríguez Rubio denomina a la ética "productiva" de Fromm, autopoiesis. Pero esta autopoiesis no la percibe en forma muy diferente de la ética foucaultiana del cuidado de sí. "De modo que el cuidado de sí o el desarrollo de las potencialidades propias, son el mejor paradigma para entender qué tengo que hacer por los otros... No podríamos dar a los demás aquello de que carecemos". (175). Si Fromm y Foucault resultan en este punto un tanto cercanos, como hace ver Rodríguez, es porque ambos beben de la misma fuente, la Etica de Spinoza. Por cierto Hostos parece haber bebido de la fuente spinocista, pues también para el la virtud es poder, potencia humana, potenciación de nuestro ser. Rodríguez le dedica un importante capítulo a la ética hostosiana. Cuestiona, con razón, el naturalismo ético de Hostos. pero destaca tres ideas básicas: "primacía de la libertad, centralidad de la conciencia en la vida humana y razón independiente, tanto de dogmas como de la tradición". (107)

Una novedad que hallamos es que toma en cuenta una obra de Kant que no se menciona mucho y es: Lecciones de ética. Ahora bien, en estas lecciones Kant se muestra un firme defensor de los deberes individuales, cosa que no ocurre en sus otros trabajos éticos. Escribe Kant: "ninguna parte de la moral ha sido tratada en forma tan deficiente como la que versa sobre los deberes con uno mismo". (Citado, p. 175) Kant termina hablando también "del poder soberano sobre nosotros mismos". (p. 180).

Una característica de Ethica nova es que toma muy en cuenta la tesis aristotélica según la cual en materia de ética no podemos exigir la misma exactitud axiomática que le pedimos a las otras ciencias. Aquí no se trata de un cálculo sobre lo necesario, el hombre prudente "tiende a lo mejor que puede realizar el hombre". (Etica a Nicómaco, 1141b) Esta idea del carácter nada axiomático de la ética vuelve a aparecer con más vigor en el capítulo que RR le dedica a la ética de Descares. Escribe RR: "La ética está en una revisión continua y se va acercando, aunque a muchos disguste e incomode, a la actitud de Descartes en el siglo XVII, y a la dimensión aristotélica que ha sido la menos explorada: la ética sin exactitud. Lo cual significa exploración, investigación, para establecer un modelo moral ajustable, dinámico, con una plasticidad que permita siempre adaptar los nuevos desarrollos de la mente humana". Un poco más adelante concluye: "La ética par provision, al parecer, ha vuelto, pero no por un tiempo, sino indefinidamente". (p. 68)

Rodríguez Rubio nos ha presentado una ética puesta al día, con las múltiples reflexiones que el pensamiento contemporáneo nos trae sobre tan difícil temática. Ha adoptado de ese pensmamiento ético lineamientos muy importantes como los de Foucault, Fromm, Rawls, etc. La obra está expuesta con mucha claridad y en un estilo atractivo y elegante. La tarea de escribir una ética hoy, decía Heidegger, es tarea casi imposible. Nuestro autor se ha aventurado por ese difícil terreno, lleno de obstáculos y que exige compromisos aquí y allá. Pienso que ha logrado sortear muchas dificultades y que nos ha ofrecido una interpretación de la ética que congenia con nuestro tiempo y que inspira a lo que los griegos denominan la 'vida buena'.