Publicada el 23 de noviembre de 1998.
Lyotard: La historia como ilusión trascendental; la revolución como demencia.

En El entusiasmo Lyotard expone su crítica de la "historia" y de la "revolución" basándose para ello en los textos histórico-políticos de Kant. Ya se ha discutido la teoría de las familias de proposiciones de Lyotard. Esta teoría es nuevamente objeto de análisis en el primer capítulo de El entusiasmo. Pero aquí Lyotard establece analogías entre las familias de proposiciones (o frases) y las distintas facultades que Kant postula en sus tres críticas. Kant compara las distintas facultades con un archipiélago, en donde cada una de las facultades es una isla, y la facultad del juicio la encargada de establecer puentes o pasos (Übergangen) entre las islas del archipiélago. Cada facultad tiene su propio territorio, es decir, su propio objeto; en el lenguaje wittgesteiniano de Lyotard cada isla constituye una familia de proposiciones (o frases). El punto que ahora interesa resaltar es el siguiente: mientras que cada facultad juzga la validez dentro de su propio territorio, en el archipiélago hay un juez que juzga y determina los puentes que se establecen entre las distintas islas. Pero ¿de dónde deriva su autoridad este juez?. Es importante recordar que este juez es el filósofo y la filosofía el tribunal desde el cual enjuicia. Todo esto según la filosofía de Kant. Las distintas facultades juzgan de acuerdo a reglas ya establecidas; el entendimiento tiene a la mano las reglas para juzgar las intuiciones; la razón práctica tiene sus reglas por analogía con la ley natural para juzgar los actos humanos. Pero, en cambio, el juez (filósofo), juzga desde un tribunal que no tiene reglas previas. Kant aclara que entre las islas hay una guerra o comercio. (recordemos la tradición moderna del contrato social, según la cual antes de éste lo hay es guerra, es decir ausencia de ley).

Recordemos que Lyotard pretende demostrar que Kant es un filósof que no cayó en un metarrelato, justamente porque no hay un conjunto de reglas válidas para todas las facultades, o para todas las familias de proposiciones. Pero Lyotard tiene que reconocer que Kant cae en una novela en esta fundamentación del discurso histórico político. En efecto, las reglas de las facultades remiten a un juez que establece eslabones entre ellas, pero aquí surge una disyuntiva: o bien un regreso al infinito o una novela (Lyotard dice novela, pero si fuera coherente tendría que decir metarrelato). Kant, quien aprende las buenas lecciones de Aristóteles rechaza el regreso al infinito, de modo que opta por la novela; es decir la idea muy moderna ( a pesar de Lyotard) de que anterior a las reglas lo que hay es la guerra. Por lo tanto el hecho de la fuerza.

Kant nos dice que no podemos quedarnos indiferentes ante opciones tan problemáticas como el escepticismo en que nos dejó Hume y el dogmatismo del racioinalismo tradicional moderno. En esa lucha, en ese conflicto, en esa guerra la sana razón tiene que buscar la justa salida, no puede quedarse indiferente. De modo que el juez, el filósofo, entra en juego a establecer los puentes que permitan navegar entre las islas. Kant señala, sin embargo, que ese juez-filósofo, que es la crítica, no puede actuar en forma muy absolutista porque el mismo es una facultad (la facultad e de juzgar).

Entrando directamente en el tema propiamente de lo histórico-político, Lyotard establece una analogía entre lo crítico y lo político. Así como la crítica es ese juego de transacciones que nos permite navegar entre las islas del archipiélago, así también lo político -que no constituye per se una familia de proposiciones- lo político es transacción, negociación.

Pero el tema que realmente le interesa desarrollar a Lyotard es la crítica de la revolución. Para ello se vale del análisis que Kant hace de lo sublime y del entusiasmo. El sentimiento sublime surge ante lo informe, indeterminado, ilimitado de la naturaleza. Pero hay también acontecimientos históricos, como la revolución, ante los cuales surge el sentimiento sublime. El entusiasmo es el sentimiento sublime que surge ante esos acontecimientos históricos. Lo sublime funciona en la ética y la estética como símbolo; lo sublime como sentimiento de respeto, sentimiento éste que Kant considera como el fundamental de la moral. Kant piensa que el sentimiento sublime el ser humano lo también experimenta frente su perfectibilidad, progreso indefinido en la historia. En ello hay también un estética, lo sublime como símbolo que suscita el entusiasmo ante la perfectibilidad histórica. Pero Lyotard enfatiza que en realidad este sentimiento sublime, de entusiasmo, es en realidad una demencia. Conclusión que obviamente era la que Lyotard buscaba, y para lo cual rebuscó las premisas en su particualr interpretación de Kant. Recordemos que Baudrillard nos dice que el postmodernismo nació del arrepentimiento de izquierdistas italianos por haber sido revolucionarios. Sin duda el juicio se aplica con la misma exactitud al caso de Lyotard.

Del futuro como serie de eventos por venir no tenemos sino una idea de la razón, lo cual, afirma Kant, no puede sino ser arbitrario. Se trata de un concepto sin objeto y vacío. Del futuro no hay presentación. Pero aun de la historia -sea de la historia natural o humana- el criticismo kantiano no ve nada importante que pueda, según interpretación de Lyotard, "ser validado por el juez crítico". (:59) Si el juez crítico se atiene a la intuición, a la presentación empírica, entonces no puede ver en la historia política más que un caos. Si algo podemos decir de la historia es porque la razón en su interés práctico hace algo por "no impedir la proposición históricopolítica". Pero entonces, sólo puede dar lugar a proposiciones pragmáticas, es decir, una expresión de política prudencial. Esta sabiduría política ha de ser la de un político moral. El entusiasmo en cuanto modalidad del sentimiento sublime se experimenta aquí en una forma paradójica, puesto que la única presentación que pudiera reclamar es la negativa. Kant lo compara con el mandato bíblico de "no hacerse ninguna imagen de Dios". Y el propio Kant aplica esta situación a la ley moral y a disposición moral del ser humano. (Recuérdese que según Derrida este mandato de no hacer imágenes de lo divino es lo que en última instancia subyace a la teoría kantiana de lo sublime.)

Si pensamos que puede darse una presentación directa cuando no puede haberla, entonces caemos en la confusión, mejor una tumulto de exaltación (Schwärmerei). Se cae entonces en la ilusión trascendental. Kant condena éticamente este entusiasmo como algo patológico, aunque saca partido de él desde el punto de vista estético. El entusiasmo produce una tensión de fuerzas que vigoriza el alma. La revolución francesa hace experimentar en los seres humanos por un lado, ese sentimiento sublime ante lo "informe" -que es la ocasión de todo sentimiento sublime- y al mismo tiempo el entusiasmomo que vigoriza el ánimo ante la nulidad de lo que le es presentado. La paz perpetua como idea de la razón parece pues utópica. Nos entusiasmamos con ella, pero no parece que tal caso pueda darse, no es presentable. El sentimiento estético de lo sublime requiere aquí un consensus, se trata de una anticipación de una república sentimental. El sentimiento sublime apela al consensus. El sentimiento estético es fruto de una comunidad, su universalidad es comunitaria, pero puesto que no le es dada la intuición, tampoco puede presentar prueba alguna a su favor.

LA IDEA DEL progreso en la historia tampoco es "presentable", es a lo sumo una idea estética. Lo sublime funge sólo a manera de signo, sin poder presentar pruebas. La idea de que "hay progreso" es nuevamente fruto del entusiasmo de los pueblos. El juez crítico sólo puede validar este enunciado cunado encuentra "signos" que la confirmen. La revolución francesa puede ser uno de esos signos. Pero en realidad el entusiasmo es prácticamente inverosímil. ¿Cómo podríamos reconocer la idea de la república en un mero dato empírico 'informe'? Y Lyotard concluye: "En cuanto a la filosofía de la historia, de la cual ni siquiera podrá hablarse en un pensamiento crítico, es una ilusión nacida de la apariencia de que los signos son ejemplos o esquemas". (:88)

En el archipiélago de las facultades kantianas navegamos en el mar de lo histórico-político,pero paradójicamente no tenemos de él más que signos, sin que podamos dar pruebas, presentaciones, exhibiciones. La historia se construye como novela, como ficción. La historia es un novela de cultura (Bildunsroman). La cultura, nos idce Kant, es el propósito de la humanidad en la historia -no la felicidad- porque es la cultura la que nos hace sensible a las ideas.

A Lyotard le interesa sacar algunas consecuencias de lo dicho por Kant, a pesar de que la lectura que hace está ya completamente "informda" por sus intereses que vienen de vuelta de la idea de revolución. Entre esas conclusiones está que la democracia es también una ilusión trascendental. Aquí se confunde el legislar y el ejecutar, cuando en verdad ambaos obedecen a familias de proposiciones distintas. Legislar pertence a una idea de la razón práctico-política. El segundo caso es una proposición cognitiva, establece cuál es el caso al aplicar una norma. Por eso para Kant la forma de gobierno (o dominación) mejor es la monarquía.

La otra conclusión es que lo históricopolítico no se reúne en una sola familia de proposiciones sino en distintas, que Kant utiliza a lo largo y ancho de sus escritos histórico políticos: proposiciones imaginativas (elaboración de modelos de loq ue podría hacerse). Proposiciones antitéticas: el debate. La proposición retórica: la polémica pública, la propaganda. La propoisicón judicativa: el modelo aplica o no. La proposición prescriptiva: regla de obrar de acuerdo al modelo. La proposición judicial: la acción se ajusta o no a la prescripción. La proposiciónpolicial: puesto que la acción no se ajusta a la prescripción, entones es objeto de represión, de coacción, de castigo.

Finalmente, Kant reflexionaba a partir de al revolución francesa; Lyotard a partir del fin de los metarrelatos tal como ese fin se muestra en Auschwitz, en Budapest l956, etc. Hoy experimentamos el abismo entre la idea y su realización, tal como Kant lo vio, pero, también, y más fuertemente que Kant, la multipliciad de proposiciones, su heterogeneidad y hasta inconmensurabilidad. Heterogeneidad entre el poder y la soberanía; ilusión entre dictadura del proletariado y realización empírica de la misma.

Lyotard pone el análisis que Kant hace de la revbolución francesa, como demencia, a favor de su propia desilusión con la revolución proletaria, para llegar a la misma conclusión.

De paso Lyotard deja en el aire el tipo de conocimiento propio de lo histórico. Pue remacha lo que Kant dice, esto es, que lo históricopolítico es un Bildungroman, una nobvela cultural. Lyotard no se da cuenta que Kant formula una idea teleológica de la histporia, una extraña idea según la cual es la propia naturaleza la que introduce la finalidad en la historia humana. La idea de la paz perpetua, lograda sin embargo por medios inapropiados a ella, la guerra y la disensión entre los seres humanos. Hubiera sido más acertado denuncair ese extraño teleologismo presente en la filosofía de la historia de Kant. ¿Acaso Lyotard no critica el teleologismo de Hegel y Marx? ¿Por qué detiene la crítica ante el teleologismo kantiano?. No le era posible, pues él encuentra en Kant lo que ya él tenía ante la vista como su propia conclusión, y para ello la autoridad de Kant cuenta.

Lyotard concluye: "El entusiasmo históricopolítico está pues al borde de la demencia, es un acceso patológico y, como tal no tiene validez ética puesto que la ética exige la liberación de todo pathos motivador; la ética sólo permite ese pathos apático que acompaña a la obligación y que es el respeto". (: 73)