Postmodernismo y educación

Carlos Rojas Osorio

Stanley Aronowitz y Henry Giroux, Postmodern Education. (Politics, Culture, and Social Criticism), University of Minnesota Press, Minneapolis-London, 1993, 205 pp.


Giroux y Aronowitz plantean que el reto del postmodernismo es importante porque cuestiona ciertos modelos hegemónicos de la modernidad. Se trata de modelos de la cultura occidental dominante y su idea de unas prácticas de la razón de supuesta validez universal. Giroux y Aronowitz afirman que en el postmodernismo hay una combinación de posibilidades reaccionariuas y progresistas. No se trata de un mero rechazo de la modernidad sino de una nueva modulación de ciertos temas. Ante todo, se trata de las posibilidades de una democracia radical. El postmodernismo se relaciona con ciertos hechos de la cultura en la época del capitalismo tardío. La cultura postmoderna privilegia la diversidad, la localidad, la especificidad, la contingencia, y la lucha contra las totalizaciones. Para Jameson se trata de la lógica cultural del capitalismo tardío. Asimismo, se trataría de una nueva cartografía del espacio social y la creación de nuevas formas sociales. El postmodernismo constituye una nueva forma de fragmentación, de creación de formas nuevas de emergencia de una nueva tecnología, de un nuevo desarrollo artístico dentro de la sociedad del capitalismo tardío.

El rechazo de las grandes narrativas es el repudio de la razón como fundamento de los asuntos humanos. Hay también un descentramiento del sujeto y una problematización de la representación. Se da una "celebración" de la pluralidad de políticas: sobre el género, la raza, las clases marginadas y la nueva moral sexual.

Richard Rorty se apropia las posiciones centrales del postmodernismo como parte de su defensa de la democracia liberal. Lyotard ataca la tiranía de las grandes narrativas de la modernidad. Entiende por moderno todo discurso o toda ciencia que se justifique por referencia a una gran narrativa.

El postmodernismo se sitúa en la época del capitalismo global. Hay un cambio en las relaciones de producción, en la práctica de la idea de nación-estado y en el desarrollo de nuevas tecnologías. Giroux y Aronowitz piensan que no se trata de una ruptura total con la modernidad. Se trata, más bien, de una transición del capitalismo.

Para Beaudrillard el postmodernismo transgrede las fronteras que han sido esenciales a la lógica del capitalismo. Hace una interpretación irónica de la cultura postmoderna. Se trata de una hiperrealidad, esto es, de una proliferación de significados donde las "fronteras colapsan" en el juego de la simulación. La realidad se vuelve pura superficie. La historia colapsa en el "vértigo de las imágenes electrónicas" que sustituyen a la realidad. El mundo en que vivimos es un torrente de signos e imágenes cuyo significado parece escapársenos. Ya no se trata siquiera de interpretar los signos sino de consumirlos. Se rechaza el narrador omnisciente y se defiende una pluralidad de narrativas. El postmodernismo niega la categoría de competencia imparcial, puesto que esas competencias sólo constituyen formas de exclusión: de las mujeres, de la gente de color e incluso de la naturaleza. La universalización lo que ha supuesto es la imposición de los modelos occidentales de la cultura.

Para Giroux y Aronowitz el postmodernismo supone una teoría de compromiso con una ética de la alteridad, con el otro ser humano. En lugar de la historia se rescata la contramemoria y se destaca los valores de la vida cotiodiana como fuente de potenciación. Se trata de una inserción en lo contingente, lo discontinuo, y un repensamiento de los bordes que caracterizan la existencia humana. "El postmodernismo provee un lenguaje para comprender el cambio y la resistencia en las sociedades del capitalismo tardío". (p. 71) No hay una teoría sistemática de la cultura por parte del postmodernismo. En realidad hay una serie de prácticas. En la época de la simulación se es pesimista con las teorías. Giroux y Aronowitz reconocen que la cultura de la alteridad no está exenta de problemas. El postmodernismo democratiza la noción de diferencia para defender un pluralismo liberal. El ataque a lo universal se hace en nombre de la diferencia. La comunidad en la que Rorty piensa es una conversación en la que varios grupos toman la voz por igual. El postmodernismo cuestiona ciertas formas de historicidad, es decir, de narrativas históricas dominantes. La historia se disuelve en la crítica de las grandes narrativas.

El currículo ha sido occidentalista. El curriculo ha sido diseñado con el lenguaje, el conocimiento y los valores que permiten mantener la tradición cultural occidentalista. El énfasis en el dominio pedagógico tiende a excluir voces, historias y experiencias de los grupos subordinados por medio de unas prácticas normativas y jerarquías simbólicas que son dominanantes.

Sobre la autoridad textual se ha construido un currículo que tiende a mantener relaciones de dominación. El aprendizaje tiende a ser construido como mera trasmisión de un contenido o de un conjunto de destrezas que deben ser dominadas. El currículo suele asociarse con la cultura de los grandes libros. Reproduciendo así las virtudes de la cultura occidental.

Se requiere una noción de educación más crítica. Se trata de decodificar las prácticas educativas de dominación. Decodificar la voz de los grandes textos. El currículo no está constituido sólo de destrezas y contenidos. También se privilegian ciertas experiencias e historias. El currículo reproduce una cultura dominante. Se trata de deconstruir nuestras propias prácticas educativas y de crear nuevas. Confrontar al estudiante con lo que podría ser una sociedad justa. Los grupos subordinados reclaman sus propias memorias. Los textos deben conectar a los estudiantes con sus propias experiencias de grupo, clase, raza, género, tradición.

El currículo occidentalista mantiene un canon elitista, excluye ciertos discursos y determinadas experiencias. Muchas veces se da una lucha por el currículo en defensa de un canon que juega el papel legitimador. Entonces se establecen autoridades textuales dominantes. Se trata del canon de los grandes libros. Hoy los afroaeericanos, los latinoamericanos, las mujeres, las clases marginadas reclaman su voz y esto puede llegar hasta el nivel de reformulación del curriculo. La idea de una democracia radical constituye una necesidad para la formación de ciudadanos críticos. Hoy podemos deconsturir nuestras propias prácticas educativas, nuestros autoridades textuales.

"El concepto de voz representa una forma del sí mismo y de la representación social por medio de la cual se producen estructuras de significación". (100) "Voz alude a las vías por las cuales el estudiante produce significados a través de varias posiciones como sujetos que están disponibles en la sociedad. La voz es estructurada por la cultura en la experiencia de la propia subjetividad. La voz constituye una experiencia por medio de la cual los sujetos reclaman sus propias memorias. La educación postmoderna ha de estar atenta a las distintas voces que entran en la práctica pedagógica. El estudio de la literatura norteamericana delata una tradición fuertemente eurocéntrica. La deconstrucción de los textos canónicos puede llevar al descubrimiento de nuevas posibilidades del texto.

"Desarrollar una pedagogia que tome la noción de voz del estudiante en serio, significa desarrollar críticamente un lenguaje afirmativo que trabaja con y sobre la experiencia que brinda el estudiante en el salón de clase". (: 104) Los textos requieren ser ubicados pedagógica y políticamente en el contexto de unas luchas. Políticamente la presentación y estudio de textos trae cuestiones relacionadas con los intereses de clase social en forma de autoridad textual.

El estudiante debe tener la posibilidad de desplegar las distintas posibilidades de interpretación que ofrece el texto. Cuando no se utiliza un texto en específico la voz del maestro se convierte en textualidad. El estudiante debe poder descubrir los códigos culturales del texto Y explorar a través de su propia iniciativa.

Giroux y Aronowitz piensan que el maestro es un intelectual público que asocia teoría y práctica. Se trata de un intelectual comprometido. El facilita la crítica de las formas pedagógicas que niegan al estudiante la oportunidad de interrogar sus propias historias y sus propias voces. Permite un lenguaje que rompa con la tiranía del presente y la injusticia social.

El postmodernismo se presenta él mismo como una crítica de todas las formas de representación y significación que reclaman validez transhistórica. Rechaza la razón universal y pone como alternativa formas de conocimiento que son parciales, sociales e históricas.

La economía política de los signos no desplaza a la economía política, pero sí asume el lugar primario como categoría para entender cómo las identidades son obviadas en favor del privilegio y la opresión. Se hace de Europa el referente primario de la cultura, la política y la verdad. "No hay tradición y certeza que pueda hablar con autoridad por toda la humanidad". Las tradiciones muestran la importancia de constituir la historia como diálogo entre la pluralidad de voces. Las tradiciones no deben ser evaluadas por su reclamo a una autoridad verdadera, sino por las vías que ella abre para liberar las posibilidades humanas. La tradición no representa toda la complejidad de la vida. Pero sirve para hacer conscientes a los pueblos de la propia historia y de la memoria que los constituye como diferencia. La tradición es, en el postmodernismo, más una forma de contra-memoria en los puntos fluídos de la identidad que constituye lo social y lo político con lo que se construye la vida pública. El postmodernismo se opone a un concepto unitario y central de sujeto y de historia.

El postmodernismo destaca la solidaridad y la compasión como aspectos esenciales para desarrollar el entendimiento y la capacidad de experimenatr el mundo. El postmodernismo ofrece una serie de referentes para repensar el hecho de que nosotros estamos constituidos como sujetos dentro de condiciones socioculturales cambiantes.

"Nosotros conbinamos las mejores intuiciones del modernismo y del postmodernismo" para el desarrollo de una pedagogía crítica. Nosotros necesitamos combinar el énfasis moderno en la capacidad crítica de la razón en la dirección de la vida pública con un postmodernismo crítico que se relaciona a cómo nosotros podemos experimentarnos como agentes de un mundo constituido por diferencias sin una garantía y un soporte metafísicos. (117)

La pedagogía de los bordes es una forma de resistencia. Reterritorializar diferentes configuraciones de conocimiento y poder para una lucha sustantiva por una sociedad más democrática. Se trata de una pedagogía que atiende a la "conjunción entre la noción moderna de emancipación con la postmoderna de resistencia". (118)

Pedagogía de los bordes es un contratexto. No sólo hay fronteras físicas sino también culturales, históricamente construidas y socialmente organizadas, con mapas y reglas y regulaciones que limitan y hacen posible las identidades particulares. (119)

"La pedagogía de los bordes decentra y rediagrama". (p. 119) El postmodernismo de la pedagogía de los bordes ofrece una crucial teoría y práctica correctiva contra las relaciones de poder como dominación. Se ofrece Una estrategia política para que el conocimiento pueda ser decentrado y reterritorializado. Reescribir las fronteras y coordinar la oposición cultural y política. "La pedagogía política incorpora el postmoderno énfasis en la crítica de los textos oficiales y usa modos alternativos de representación como el video, la fotografía y el impreso)". También incorpora la cultura popular como un objeto de política y análisis serio, y hace central su proyecto de recuperar las formas de conocimiento e historia que caracterizan la oposición desde una política y ética de la alteridad. (119) Maestros y estudiantes pueden leer y escribir la cultura en múltiples niveles. (121)

El postmodernismo parte de la desterritorialización como integrante de una ruptura de las narrativas maestras (dominantes). Se destaca la pérdida de certezas. "El lenguaje de la diferencia puede ser articulado con la crítica moderna que concierne al desarrollo público de la vida". (121)

Se rechaza el eurocentrismo de querer hablar por la humanidad y se rechaza los reclamos epistemológicos del fundacionalismo.

Se subraya la necesidad de articular un concepto de diferencia que se constituya como réplica al liberalismo. Los educadores necesitan una crítica política de la diferencia que sea compatible con una democracia radical. Es necesario para los educadores críticos desarrollar el discurso de la contramemoria no como una esencia narrativa sino como una contramemoria, dentro de un proyecto de reconocer "la heterogeneidad, y aun el carácter indeterminado de la tradicion democrática (Mouffe). Para Foucault la contramemoria: "transforma la historia, de un juicio sobre el pasado en nombre de una verdad presente en una memoria que combate por los modos de verdad y justicia, ayudando a entender y cambair el presente colocándose en una nueva relación con el pasado". (124)

Es igualmente importante para el educador ayudar al estudiante a encontrar el lenguaje para examinar críticamente la socialidad e historicidad construidas como formas en las que se vive. Se requiere interrogar sus ausencias y contradicciones; comprender una miríada de diferentes historias. (131) "Nosotros vivimos en un mundo postmoderno en que no hay fronteras fijas (firmes) sino flexibles" (133) Es un tiempo de una razón en crisis.

La línea de pensamiento que siguen Giroux y Aronowitz se emparenta directamenta con el nitzcheísmo francés de Foucault, Deleuze y Derrida, y no tanto con el postmodernismo de Lyotard; a Vattimo nunca se lo menciona.

(15 de mayo de 1997)


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