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HELENA MÉNDEZ

 

El apartamento

A mis Andrés


.......¿Has vivido alguna vez en un apartamento en Río Piedras? ¿De aquellos, la mayoría, que tomando frases del 5B, lágrimas del 6A y risas del 4C conspiran para trastocarte la realidad? Me refiero a los apartamentos en donde los vecinos te miran con risitas tímidas o sarcásticas, claro esto depende de la persona, y mucho reojo después de una noche de pasión. Si sabes de lo que te hablo, entonces entenderás porque es injusto que esté aquí, en este lugar.
......Verás, pasó de esta forma. Yo me acababa de mudar a la ciudad. Conseguí el apartamento a través de una de esas agencias que te cobran un mes de alquiler por permitir que otro te lo cobre todos los meses. Así que no conocí al dueño o dueña, aún hoy no sé quién es. Vine aquí a trabajar y a estudiar. Después de esto no sé si me acepten en algún lugar.
.......Hay algunos apartamentos que se desocupan con facilidad. Tal vez las personas que los alquilan sean gente como yo; pero sin mi suerte de encontrar un trabajo de jornada completa. Bueno, lo cierto es que una se va acostumbrando a cierta tonalidad de voz y de momento cambia y ahí viene de nuevo otro ajuste. Identificar voces que imponen, las que se quiebran con facilidad, ahí, ahí está el reto. Con el tiempo aprendes a distinguir entre maullidos de un gato y el llanto de un bebé.
........Había conseguido un trabajo en una tienda por departamentos. Salía a las dos de la tarde. Mi primera clase era a las tres. Después de clases, mientras me apuraba un bocadillo comenzaba a repasar las notas. A esa hora es bueno estudiar. Están cenando y con excepción del ruido del cubierto contra la loza y, preguntas sobre el día y una que otra risa, sí, se puede estudiar.
........Un día no hubo clases, batallé con la idea de ir a un cine y ver la película policíaca de la que hablaban mis compañeras y compañeros de trabajo o irme a descansar a casa. Opté por lo segundo. A esa hora hay más ruidos. Muchos de ellos eran nuevos para mí. Mientras hojeaba el periódico, por lo general, lo compraba dos veces por semana y lo iba leyendo poco a poco, comencé a oír trozos de una conversación. Dejé el periódico sobre la mesa y me coloqué en el área de la sala donde eran más audibles las voces.
........Se oía una risa femenina ahogada por unos fuertes pasos, de pronto cerraron una puerta y se echó a llorar un niño. Más luego, al bajar la cadena del inodoro alguien comenzó a batir huevos y a discutir por teléfono. Como verás, me resultaba difícil aislar sonidos. Había perdido el orden que había logrado durante mis noches de estudio.
........Empecé a faltar a clases y a mentir en el trabajo para tomar días libres. Creo que no les gustaba mucho esto por algo que dijo un día la de personal. Esos días enteros eran mis favoritos. Me pasaba mudándome de lugar en lugar. A veces me sentaba en el centro, debajo de aquellos horribles tentáculos luminosos. En esa posición podía distinguir claramente si había gente en el 6B porque al crujir el piso la lámpara se balanceaba. En las esquinas te vas acostumbrando a percibir las vibraciones de las voces, aunque a veces

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se entremezclan entre los pisos. Ruidos rutinarios que antes no conocías ya los incorporas y son los que te van marcando el tiempo: besos y últimas amonestaciones de madres a sus crías y de esposas a esposos, el suave arañazo de la escoba sobre la madera, el carraspeo de la bolsa contra la pantorrilla, el repicar del arroz al caer en el recipiente, el revoloteo de ollas y loza y el golpe ascendente del pie sobre la escalera.
.........La llegada de los comensales saturaba de improviso todos mis posibles canales de ordenación. Los saludos me permitían conocerles por nombres, claro con la excepción de la madre o la esposa que eran simplemente mami o querida. ¿Sabes cuando estás en el parque de las palomas y en un segundo oyes el batir de miles de alas, gracias al correr de una niñita? Pues así me parecía al principio esta avalancha de saludos, informes escolares y quejas oficinescas. Poco a poco vas aislando los sonidos, catalogándolos e identificándolos con tal precisión que te sorprendes un día de lo diáfano que puede resultar el aparente caos. La noche la ves llegar por la ventana y luego van nuevamente desfilando, inconfundibles, los sonidos que componen tu mundo.
..........Con el tiempo conocía íntimamente a mi vecindad, sin que soñaran mi existencia. Podía componer su físico: el peso, por el hundimiento que se percibía en la madera al andar, y la estatura, por la fracción de segundos que le tomaba la reverberación de su voz, claro, esto variaba en caso que estuviera sentada la persona. Saber la edad era lo más fácil, eso me lo decía la cadencia de su voz. Conocía ya de sus gustos gastronómicos, sus posiciones políticas, sus hipocresías y el miedo solapado. A veces era tan certera la composición que lograba que me tenía que reprimir en el elevador de saludar a la persona por su nombre y preguntarle por su familia o sus problemas.
.............El del 5C se emborrachaba desde el viernes, y a veces entre semana. La del 6A ponía de noche a Phoebe Snow y algunas veces la oía sollozar. Hubo momentos en que me confundía con los llantos de la del 6A y la del 4A pero los de la del 4A eran en algunos momentos de terror.
...........Noté con el pasar del tiempo que estaba dedicándome al ala izquierda del edificio donde estaban los apartamentos A y B. Me parecía una debilidad ya que me hacía descuidar las otras unidades y pensé que no era justo para los demás. Bueno, en verdad es que se dieron unos cambios interesantes. Por unas semanas reinó la paz. En esos momentos de quietud logré descifrar al hombre del 4A. Era como de unos treinta años, estatura mediana y su peso en proporción con ella. Su nombre verdadero nunca alcancé a saberlo ya que ella lo llamaba "mi amor". Al poco tiempo comenzaron las discusiones. Se escuchaba a intervalos piezas de cerámica hechas añicos y de golpes secos. Se insertó nuevamente el llanto nocturnal.
...........Tal vez fue en los días que tuve que ausentarme para el tratamiento que debieron de darse los cambios. Había llegado de noche y me invadía una gran satisfacción de entrar nuevamente a mi mundo. Así que coloqué el sillón justamente debajo de la lámpara y apagué la luz. Esto lo había hecho ya tantas veces que sabía que me daría las condiciones óptimas de observación auditiva. A pesar de la hora se escuchaban unos leves murmurios. Usualmente, a esa hora, el supuesto tiempo de sobremesa, estalla un prisma de sonidos: televisivos, infantiles, juveniles, caninos y gatunos. Sencillamente decidí esperar que cerrara la noche para afinar mis sentidos y recobrar mi espacio. De pronto comencé a oír pasos agitados, abrir y cerrar gavetas, diálogos truncos, pasos desordenados, luego ... un silencio.
..........Creo que me quedé dormida en el sillón porque al abrir los ojos me cegaba un rayo de luz solar que hería la cortina de mi estancia. Me dolía todo el cuerpo. El viaje de regreso había sido largo y su víspera plena de amenazas. Sé que tenía que trabajar algunas áreas pero ... Bueno, perdona, sé que necesitas mi declaración y no oír mis

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problemas. Ese día estuve en acecho de noticias. Era como si se hubiesen confabulado para vedarme la entrada a su mundo. Serían como la seis de la tarde que comencé a oír los televisores sintonizándose en las noticias. Luego decayeron los comentarios y poco a poco se fueron haciendo presente los sonidos que anuncian la hora de la cena.
...........Al finalizar el noticiero, salí de mi apartamento a tratar de esclarecer los ruidos de la noche anterior. Decidí, sé que no debía haberlo hecho, bajar al 4A. Toqué el timbre. Empujé la puerta. La puerta cedió. Un vestigio de luz señalaba con dedo tenue los cristales rotos en el piso. El sonido de mis pasos reverberó en el espacio vacío. No sé por qué me atemoricé. Tal vez fue por estar en un lugar que no era el mío o porque, como ahora, presiento lo que le he dicho.
..........Pasaron días y poco a poco se fueron instalando los sonidos de siempre y yo, ganando mi mundo. Noté sin embargo la ausencia de la voz femenina del 4A. La curiosidad era tal que decidí concentrarme exclusivamente en la situación anómala del 4A. Pero el silencio era absoluto y por eso fue que me aventuré a ir a la vecina del 5A. Resultó ser tal y como me lo imaginaba y luego de pedirle un poco de azúcar, claro para buscar conversación, le pregunté por la del 4A. Me miró sorprendida. - ¿Ud. la conoció? Hace más de dos años que ese apartamento está desocupado. Se dicen muchas cosas de la desgracia que sucedió en el 4A pero todavía... nada. Ud. sabe como es la policía en estos casos de mujeres asesinadas.

(fin)

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