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SALVADOR MERCADO

 

Perra vida


......Este es el cuento de un personaje, y el personaje de este cuento se llama ......Comotú.
.....Comotú García Troche y Ramírez de Arellano por más señas. García Troche por parte de su querido papaíto, porque ése es el único apellido que usa su papá. Y Ramírez de Arellano por parte de su mamita querida, porque ése es el único apellido que usa su mamá. Comotú García Troche y Ramírez de Arellano le llaman los que envidian los sonoros nombres de bien. Los que bien lo conocen saben que su nombre verdadero, el que su mami le puso, es Gory. Gory García Troche y Ramírez de Arellano, no Mauricio, como quiso su papá. Que Mauricio, ya se sabe, es nombre propio de gato, y nadie que se llame hijo mío –dijo la señora– va a llevar el nombre de Mauricio.
......Una mañana, Gregorio II –que ése es su nombre completo y oficial según aparece en todos sus documentos legales– despertó sintiéndose algo raro. Abrió los lindos ojos que Dios le dio y se encontró en la amplia sala de estar de la residencia familiar en El Condado. Había pasado la noche, como tantas otras, en el sofá del livin. Se desperezó lentamente, estirando sus miembros, y empezó a pensar que algo no andaba del todo bien. Sentado en el sofá miró a su alrededor. Allí estaban la botella de agua mineral y, en su plato de porcelana, los huesos de chuleta de ternera, residuos de su cena de la noche anterior. Más allá, la pelota con la que había estado jugando.
.........Al salir al corredor se detuvo sorprendido frente al espejo. Se miró como si nunca en su perra vida hubiera visto su propia imagen. Era verdad que la había visto, pero nunca le había prestado demasiada atención a la apariencia de su cuerpo. Ahora se veía totalmente transformado. Estaba desnudo. Su cuerpo era el de un excelente ejemplar humano, joven, de miembros fuertes, alto y bien proporcionado. La alarma que se retrataba en su rostro no respondía a defectos del cuerpo, sino a la extrañeza que le producía pensar que ese cuerpo que no acababa de reconocer pudiera ser el suyo.
.....Todavía algo confuso, y no del todo despierto, se dirigió al cuarto de la señora, a quien acostumbraba ir a saludar cada mañana. A ella le encantaba despertar del sueño bajo la lluvia de sus besos, aunque le llenara la cara de saliva. Esta vez la señora estaba despierta, aunque todavía en la cama, cuando Gory asomó el hocico a la puerta. Una mirada que cruzaron ambos bastó para evidenciar la crisis.
.....A Gory le pareció ver todo moviéndose muy despacio, presenciando cada detalle, mientras la señora retrocedía convulsa y espantada. Algo muy denso había llenado el aire de repente, creando una presión inusitada, algo que siguió vibrando y comenzó a romperse en pedazos que poco a poco Gory pudo entender, aunque más por intuición que por inteligencia. La señora había gritado, la señora seguía gritando, la señora todavía grita cada vez que se acuerda. Los vecinos de la señora todavía recuerdan el gran grito de la señora, y los muchos gritos que le siguieron. El desmayo subsiguiente, el corre corre, la fuga del joven adolescente desconocido que escapaba desnudo –sin duda algun sátiro sorprendido infraganti que huía de la justicia– los detalles, en fin, de

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lo que pasó inmediatamente, nadie los recuerda con exactitud, ni hay por qué detenerse en las minucias de tan desagradable evento.
......Se dio atención de emergencia a la señora, se dio parte a la policía y hubo una investigación. El enfoque principal de la investigación y lo poco que de todo esto se filtró a la prensa, se concentra en la sorpresiva desaparición de Gory, el muy galardonado perro afgano de los García Troche y Ramírez de Arellano, tres veces campeón en competencias y exhibiciones.
......No hay que decir que nuestro amigo, con el susto, iba como diablo que lleva un alma. Escondiéndose como pudo, de susto en susto, se fue apartando de la zona exclusiva de su antigua residencia y al cabo se halló en un lugar extraño. Allí se alegró de ver alguna ropa tendida en los patios de las casas. Aunque llevaba poco tiempo de homo sapiens tuvo el acierto de dejar pasar las primeras oportunidades: una bata de casa, algunas pantaletas y varias faldas de colores vistosos. Lo triste fue verse sorprendido en el acto de vestirse y tener que emprender de nuevo la carrera.
.......Cuando se halló vestido, con un look bastante ordinario por cierto, ya se sintió confiado de caminar por la calle. Era casi como ser invisible, podía ir y venir sin que lo notaran. La alegría que le produjo este conocimiento sólo comenzó a disiparse cuando al caer la tarde notó, oh dolor, la acuciante llamada de su estómago vacío. ¡Con el hambre hemos topado!
......La primera noche durmió poco y mal, echado en la banca de un parquecito, afuera de un centro comercial. El rumor de las tripas, que apenas pudo sujetar con algo de fruta que había encontrado, lo mantuvo entre el sueño y la vigilia. Toda la situación era confusa pero, a medida que iba entrando en su nuevo traje de hombre algunas cosas se le iban aclarando. Estaba solo y en la calle. Su antigua protectora ni siquiera lo había reconocido. Por primera vez en su corta vida se sintió desvalido.
......Resolvió valerse por sí mismo y hacerle frente a su nuevo destino. Desde el primer momento buscó la manera de ganarse la vida. Fue aprendiendo a comunicarse y a procurar lo que le era más necesario. Recogió latas, limpió patios, hizo mandados.
........Hoy está trabajando con Pipe, que tiene un próspero negocio de jardinería. Comenzó a las cinco de la mañana en un patio de Ocean Park. Cortó la grama, sembró un arbolito de sauce, y se desmadró la espalda abriendo una zanja a golpe de pico. Su rostro compungido y el muy explicable dolor de espalda le han valido unos minutos de descanso que aprovecha, tendido y quejumbroso, en la parte de atrás del van de Pipe.
.......Acostado bocarriba sorbe trabajosamente una Coca-Cola y piensa en la eternidad que falta hasta el almuerzo, en los patios que esperan su make over, y en las ganas que tiene de esfumarse. Parquea sin querer el cráneo en el más lisonjero estado en que se vio, preguntándose ahora si no sería una irónica pesadilla. Soñando estaba con un jugoso banquete cuando Pipe lo vino a sacar de sus cavilaciones con aquella dichosa frasecita que tanto le gusta repetir –¡no te puedes quejar, te tengo como perro de rico!

fin

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