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ENRIQUE LAGUERRE

 

Levadura de la historia
en la literatura puertorriqueña

 

Francisco Manrique Cabrera presidió el Primer Seminario de
Literatura Puertorriqueña. Nuestro Departamento auspició el Segundo, para el cual el autor escribió el texto que aparece de inmediato.


......Para poder hablar de “literatura puertorriqueña” precisa determinar existen fundamentos para que se le pueda llamar así.
....Los laboratorios originales de la occidentalización ofrecieron particulares oportunidades para el desarrollo de una futura identidad, resultado de las identificaciones, los cruces y hasta los choques. Esto puede apreciarse con mucha claridad en el uso de nuestra lengua, en donde hay indiscutible predominio español, aunque no puedan descartarse importantes anotaciones y matices taínos y africanos.
.......No se trata sólo del léxico –aquí abundan los vocablos de origen taíno y africano–, sino también de la fonética (“r” velar, nasalización, por ejemplo) de la semántica, de la sintaxis...
.......Las características geográficas de la Isla se prestaron más al encuentro que al rechazo racial, como lo atestiguan las varias referencias a la situación demográfica. Sin duda predominó la superior cultura, pero no se pueden minimizar las aportaciones indígena y africana. Parte de los rasgos culturales de estos últimos se fueron disolviendo en la cultura predominante, sin dejar de ser. Más bien aparecen modificados. Como las Fiestas de Santiago Apóstol en Loíza, por ejemplo.
......Los movimientos expresivos que acompañan a las palabras –gestos, ademanes, actitudes– también tienen esos matices diferenciadores. Señalar una dirección con la boca aguzada es una de ellas. O inquirir plegando repetidamente la nariz.
......La geografía, tanto como la historia, ha contribuido a formar la personalidad colectiva del puertorriqueño diferente a la personalidad colectiva de otros países de un mismo origen. El escritor, el artista, se encargará de ponerle levadura. Por mucha influencia que haya tenido la cultura española en nosotros, no es exactamente igual a la nuestra ni aun la lengua que aquí tiene sus propios giros y matices en lo profundo de su expresión semántica.
........Comprendo que en un momento de crisis, cuando la asimilación de lo norteamericano parecía ser irrefrenable, hubiese escritores españolistas. Tal el caso de personalidades como Antonio S. Pedreira, Tomás Blanco o Emilio S. Belaval. Pero las aguas nacionales buscaron su nivel y entonces se procuró la propia identidad. Bien podemos robustecer nuestra manera de ser sin que tengamos que mostrarnos españolistas, actitud ésta que nos presentaría permanentemente colonizados espíritu adentro. Esto nos convertiría, a la postre, en puertorriqueños neutros, situación peor que la docilidad, de que nos habla René Marqués.
........Tampoco debemos dispersarnos en un internacionalismo insubstancial, por no haber cimentado nuestra expresión nacional.

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......Pese a las dudas de las nuevas generaciones, en este sentido de formar conciencia nacional, se le debe mucho a la generación treintista, admitidas, sus limitaciones. La revisión de nuestro haber histórico, la decisión de reincorporarnos al iberoamericanismo, la toma de conciencia de nuestra triple herencia, la disposición de librarnos de ciertos pudores colectivos, el patrocinio de la creación en todas sus fases –literatura, música, artes plásticas–, que luego habría de tomar firmemente en el Instituto de Cultura; son claros signos de la empresa que aquella generación treintista ejerció.
........Creo, pues, en una independencia nutrida por la particular manera de ser –conducta social y espiritual– puertorriqueña. He escogido esta posición para practicarme puertorriqueño, para deudar los actos vitales de la historia puertorriqueña. Si he respondido a la vocación de escritor debo aceptar el reto; lanzarme a procurar la levadura de la historia puertorrique- ña en la concreción de las hazañas sociales –pormenores repetidos y hechos singulares– sobre mi tierra, que me hace más fuerte cuando me pongo en contacto con ella.
.......No puedo practicarme puertorriqueño sin profundas convicciones de ser puertorriqueño, de ser antillano, de ser americano. La tierra tiene más significado para nosotros los americanos que para los europeos. Esto nos acerca más a indígenas y africanos, gentes primitivas y nos aleja algo de lo prometeico o fáustico, tan característico de lo europeo.
......Nos quedan, pues, esas sedimentaciones primitivas, sobre las cuales asiento mis íntimas realidades de hombre indafrispano. Para practicarme escritor nacional puertorriqueño he aceptado el indafrispanismo antillano. Es Adalberto Linares uno de los personajes de El fuego y su aire, quien expone los conceptos del indafrispanismo. Yo creo en eso, aparte de que otros no lo crean, y es convicción en mí que me lleva al intento de leudar nuestra historia y de forjar la idea de “lo puertorriqueño”.
......Para poderse manifestar uno como novelista nacional, antes tiene que entender cabalmente qué quiere, dentro de un amplio aprecio por la libertad. Largo camino de estudios, práctica y reflexión recorrí antes de saber lo que quiero, como escritor nacional. Sobre todo, si no “qué soy”, por lo menos “qué quiero ser”. Ese “querer ser” no es capricho ni fantasía frívola, sino la más elevada aspiración existencial. Debe partir de las realidades concretas, entre ellas la fantasía, la más exaltada de las realidades humanas.
......Desde mis primeros trabajos, mis cuentos iniciales, mis tres novelas quemadas antes de decidirme a publicar La llamarada, resistí, la idea de que “nos descubrieron” el 12 de octubre de 1492. Acepté el cruce de sangres y de culturas, con inevitable predominio inicial de los más fuertes entonces; acepté la proposición de que podía ir en busca de mis abuelos en la costa occidental de África, igual que en Islas Canarias o en Francia, sólo que en África o en Infieras nadie vive de genealogías; desemboqué en el concepto de indafrispanismo en El fuego y su aire. El indafrispanisimo, más que síntesis de matices raciales es conciencia nacional fermentada por noble fantasía, en santísima trinidad de tierra (naturaleza), fuego (pasión) y aire (aliento). No puedo estar de acuerdo con los prejuicios genealógicos de un blanquismo –Emilio S. Belaval– tantas veces blancuzco.
........Desde mis primeras obras he ido alternando los mitos indígenas y africanos con los grecolatinos; y junto a Yukiyú y Guaorabo o Aiwel y Ngewo, he traído a Amteo, Acteón, Osiris, el laberinto... He querido conocer flora y fauna nativas, con profundidad sensorial, para forjar mitos y alegorías relacionadas con la conducta de los personajes: las flautas de amapolas y las islas de sol en La llamarada; Ubee y don Alfonso en Solar Montoya; el Yukiyú y los caminos en La resaca; los brazos y los

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tallos en Los dedos de la mano; la barracuda y Playa Rosada en La ceiba en el tiesto; el bombardino y el péndulo en El laberinto; Río Loco y los almácigos en Cauce sin río; las conchas irisdiscentes y la ventana luminosa en El fuego y su aire, el arroz–con–habichuelas y la Bahía Fosforescente en Los amos benévolos; los mitos josefinos y las visiones apocalípticas en Infiernos privados; los manantiales y el río Guaorabo en Los gemelos, para mencionar algunos de esos recursos de mitificación.
......Dan lástima enfoques tan superficiales y frívolos como los que hace una intelectual capsulada de El Nuevo Día, quien parece ser extranjera en su propio país. Esa falta de penetración, en nombre de lo nuevo y de “estar–en–algo” indica con claridad que desconoce la sustancia de nuestra historia y nuestra geografía vitales.
......Escribí La ceiba en el tiesto recién llegado a Puerto Rico, luego de una estadía de dos años en México. Un conocido crítico me acusó de traer los ojos llenos de la zona desértica de México porque en La ceiba en el tiesto aparecían plantas espinosas –cactos, magueyes, volones– y Puerto Rico, aseguró, es “isla verde”. Había vivido el crítico toda la vida en Puerto Rico y aún no había descubierto que la zona que va de Cabo Rojo a Salinas es diferente a la del litoral norte. He ahí un caso de falta de conocimiento cabal de nuestra geografía, y son muchos los críticos que adolecen de este mal, pese a sus galones académicos.
.......Y sobre ese escenario, los seres humanos puertorriqueños: exploración en el alma de nuestra vida nacional, antillana, americana, universal. Hay una gran diversidad de caracterizaciones en mis once novelas publicadas. Es larga la lista de seres puertorriqueños que se han lanzado a que nos sorprendamos a nosotros mismos en la intimidad que es manera eficaz de poner levadura a la historia vital en sus pormenores y en sus hazañas.
.....Me conmoví profundamente cuando, en ocasión de encontrarme con una adolescente a quien no veía desde que era niñita, me confesó con ingenuo y hondo alborozo: “¡Estoy enamorada de Dolorito Montojo!” Sacaba a Dolorito del mundo de La resaca y lo incorporaba a las realidades de sus sentimientos y de la vida puertorriqueña.
......Reexaminando el mundo de mis novelas, desde La llamarada a Infiernos privados, estoy convencido de que respondí como debía al reto que mi vocación de escritor nacional me lanzó. Con esto no digo que haya escrito obras maestras –muy lejos de pensarlo así–, pero he realizado, por lo menos en parte, lo que me propuse: poner levadura a nuestra historia nacional y sentirme orgulloso de que una adolescente que ha resuelto vivir-en-puertorriqueño, haga estremecer el reencuentro con un “¡estoy enamorada de Dolorito Montojo!”, tan vivo para ella como ella misma. Ningún crítico –mucho menos los que buscan grescas generacionales, más por postín que por convicción– me ha dicho tanto.
.......He sido, además, observador atento de nuestras realidades cotidianas en mi labor periodística de muchos años y esto va en beneficio de mi creación novelística.
......No se necesita ser escritor profesional ni mucho menos proclamarse uno genio para cumplir la amorosa encomienda de contribuir a formar el alma de la patria. Si en los presentes momentos hay personas que no lo ven así, dejo la decisión a los tiempos por venir. Espero confiado.
......Comprendo que es cómodamente atractivo repetir los símbolos y mitos universales, y que, sin que aquí se produzcan manzanas, se hable mucho de ellas, por lo del Paraíso o por lo del conflicto de las tres diosas; sin embargo, aprecio la sensual prestancia mítica con que Lloréns Torres exalta nuestras frutas, aun la guanábana, aunque ésta carezca de gracia para que se le convierta, como a la manzana, en fruta de la discordia.

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......Preguntaba don Luis Muñoz Marín, creador del ELA, por qué insistían los autores puertorriqueños en poner en relieve las miserias físicas y espirituales del país en el justo momento en que se hacían palmarios esfuerzos por establecer fábricas y asegurar una vida mejor. En rigor, no se trata de dejar de reconocer los esfuerzos que se realizan por levantar multifamiliares y fábricas, por atraer inversiones de capital extranjeros; de que en las vías públicas hormigueen los automóviles; de que haya hoteles de lujo o de que tengamos un aeropuerto grande y lleno de gente que va y viene.
......Lo que a mi juicio nos preocupaba a los autores es el arrabal dentro del multifamiliar, la inseguridad de permanencia de las fábricas, el dispendio de los pocos recursos naturales, el desorbitado esnobismo de la clase media... Los hoteles se asemejan a barcos de lujo prestos a partir, digamos. Eso quise expresar en El fuego y su aire.
.....El escritor puertorriqueño está muy enterado de esas realidades. Las siente en el hondón del alma. Duelen profundamente. Después de todo, no nos ejercitamos como escritores para elogiar a Plaza Las Américas o para sentirnos universales en posibles Juegos Olímpicos del año 2,004. La actitud del escritor se hizo más patente desde que se inició nuestro particular modernismo, que no es exótico o desarraigado como el rubendarista, sino destacadamente nacionalista e iberoamericanizante. Es asombroso que así sea.
......Pasados quince años de gobierno norteamericano, comenzamos a revalorar nuestras tradiciones. No me equivoco al decir que la “americanización” oficial fue un fracaso desde un principio. Lo mejor de nuestra creación ocurre después de 1898. No pudo persistir la absurda decisión militar de establecer el inglés como idioma oficial.
.....Me place mucho conocer la literatura inglesa y norteamericana; la admiro mucho, particularmente la norteamericana por su posición ideológica, y no se puede ocultar que ha influido mucho en varios de nuestros escritores, desde Luis Palés Matos a Wilfredo Braschi.
.....Conviene destacar dos notables contribuciones del movimiento modernista que matizan su espíritu nacionalizante: orientalismo morisco, casi único en América, y su eclecticismo que amplió nuestro panorama universal. Otro elemento importante es la diversidad de enfoque y de estilo.
.....En su primer editorial asegura La Revista de las Antillas (1913-1914) que le interesan todas las teorías estéticas. Desde los primeros números patrocinó secciones dedicadas a la literatura, las artes, historia, filosofía, política, economía, derecho, ciencias, agricultura, comercio. Consiguió corresponsales y representantes en Madrid, París, Washington, New York, La Habana, Santo Domingo. Quiso mirar hacia el universo y se ocupó de Maeterlinck, Haupmann, Wilde, Whitman, Darío, Shaw, Ibsen, entre otros, lo cual es prueba fehaciente de que buscábamos ensanchar nuestra visión de mundo a través de la cultura diversificada.
......El universalismo no es obstáculo para la investigación histórica patria; al contrario, es estímulo ensanchador.
.....Como no contamos con representación diplomática propia, se les hace difícil a nuestros escritores darse a conocer fuera de nuestro país. Nos falta una crítica más abundante y sazonada. Carecemos de relaciones culturales con otros países, ni siquiera con los países de un origen común. Sin embargo, es casual que aparezca una antología de teatro latinoamericano sin alguna representación nuestra. Desde 1957 –con motivo de la celebración del Congreso de Literatura iberoamericana en Puerto Rico– casi todas las historias literarias hispanoamericanas se ocupan de nuestros principales escritores: Torres Rioseco, Luis Alberto Sánchez, E. Anderson Imbert, Fernando Alegría...

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......La Generación de los Treinta tiene un patrón parecido a la Generación del ‘98 española o el Modernismo brasileño: es producto de dos corrientes que acaban fundiéndose.
.....Desarrolla todos los géneros –novela, poesía, teatro, ensayo, cuento–; impulsa la investigación y promueve las innovaciones estéticas. El espíritu de revisión lleva a estudiar la historia política, geográfica, historia literaria, bibliografía, ciencias; se les da dinámico impulso a las artes plásticas y la música.
.....La visión cultural se hace más universal con las nuevas generaciones. Motor de este dinamismo cultural ha sido el Instituto de Cultura, fundado en 1955. Se va hacia la identidad propia por medio de las ciencias antropológicas. El libro consigue más salida.
.....Las personas que desconocen la vida puertorriqueña podrían pensar que la presencia norteamericana ha paralizado las expresiones culturales nativas. Por el contrario, actualmente contamos con más y mejores cultivadores de las artes. Y la identidad nacional es más reconocible que nunca.
.....Fue justamente Francisco Manrique Cabrera la persona que escribió la primera Historia de la literatura puertorriqueña. Un año antes Josefina Rivera de Álvarez había publicado su Diccionario de literatura puertorriqueña. Es penoso que Cabrera muriese sin haber hecho historia literaria de 1955 a estos días, porque sus criterios críticos, su capacidad para dar nombres a épocas culturales, su visión abarcadora hacen de su historia un libro de mucho valor.
......Después de su diccionario, Rivera de Álvarez ha publicado, en 1983, su excelente Literatura puertorriqueña: su proceso en el tiempo. También ha publicado una más completa y abarcadora edición de su Diccionario (1974), esta vez en cuatro grandes tomos.
.....Prueba de la enérgica presencia de nuestra creación literaria es el espacio dedicado a los autores contemporáneos, el mayor en estas obras de historia literaria.
.....Se ha publicado enorme cantidad de monografías de todos los géneros, entre los que sobresale La poesía contemporánea de Puerto Rico (1972), de José Emilio González. El trabajo recopilador y crítico de estudiosos como Francisco Manrique Cabrera, María T. Babín, Josefina Rivera de Álvarez y José Emilio González es esencial para justipreciar el valor de nuestra literatura nacional.

fin

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