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VICENTE REYNAL

 

Las mujeres del Quijote

 

Proemio
...El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de don Miguel de Cervantes Saavedra, posee una frescura a prueba de siglos y de gustos. De ahí que sea una obra clasica. Sus personajes son la encarnación de valores imperecederos o de existencias humanas siempre presentes en la sociedad; por eso es que estén tan vivas como cuando fueron concebidas por la mente y nacieron de la pluma del inmortal escritor español, hace cerca de cuatro siglos. De hecho, en 1997-98, el mundo hispanohablante está celebrando los 450 años del nacimiento de Cervantes. Vaya, pues, en homenaje suyo, éste mi estudio, para resarcir-apenas un granito de arena- tantos olvidos o reticencias, aun de los encargados de cuidar y enseñar nuestra lengua, hacia quien es el maestro por excelencia de la misma, padre de la novelística moderna y el "primer postmoderno", en opinión del excelente escritor alemán contemporáneo, Gunter Grass.
...Por lo común, los especialistas cervantinos se detienen en el análisis de los protagonistas masculinos, don Quijote y Sancho Panza, sin duda por ser las figuras más connotadas y típicas de la novela. En menor proporción se ha analizado la figura femenina, Dulcinea del Toboso, aunque no con la minuciosidad que se merece. Estoy convencido de que el analisis profundo de tan polifacético carácter nos permitirá adentramos en la técnica polivalente del insigne novelista castellano, a la vez que nos ofrecerá una visión de la naturaleza de la mujer en una época tan significativa en la historia española, como es su Siglo de Oro, que coincide con la toma de conciencia del mundo hispanomericano, cuando se establecen los fundamentos de la conducta femenina en todo el ámbito 4e la dilatada área del recién descubierto Nuevo Mundo, al que, por cierto, quiso pasar Cervantes, sin que las autoridades se lo otorgaran, decisión digna de encomio, pues de lo contrario no hubiera engendrado El Quijote.
...Don Quijote y Sancho poseen una rica psicología y una personalidad insuperable, espejo de no pocos individuos, pasados y actuales. No obstante, es en la descripción de Dulcinea en donde mejor podemos observar la complicidad de la naturaleza humana, al tiempo que adentramos en el insodable misterio la mujer ante los ojos del varón, dicho esto sin prejuicios, pues lo mismo podría decir aquélla de éste. Cervantes es uno de los escritores que mejor ha sabido captar la naturaleza femenina y describírnosla con pinceladas firmes y certeras, a través de la larga y sinuosa narración de las aventuras de sus protagonistas varones.
...No sabemos si don Quijote, antes de serlo, es decir, cuando era Alonso Quijano, estuvo casado o no. Es probable que sí, pues era hidalgo, poseedor de bienes, de rico abolengo, sujeto, pues, de apetencia, además del posible amor real sentido de parte de cualquier mujer de la comarca. Lo que sí consta es que don Quijote no tenía mujer o esposa. Mejor, la poseía en la fantasía, y es Dulcinea del Toboso. Ésta es la proyección en la mente

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del caballero andante de lo que el propio Cervantes pensaba de las múltiples facetas o águlos de la mujer o de las diversas mujeres que se le habían cruzado en su azarosa vida. Cervantes tuvo esposa, pero no tuvo un matrimonio feliz.(1 )Ésta no le satisfizo en sus apetencias normales, por lo que tuvo que buscarse otros amores, abundantes y no siempre legítimos. En el retrato variopinto de la mujer, creada por la mente de su protagonista, vemos reflejados los varios estados de ánimo de Cervantes hacia la misma, sus ansias y frustraciones de dicha realidad, que, en decir de no pocos, mueve el universo. Se ha escrito que detras de todo hombre destacado esti la mano decisiva de una mujer. Aquí podemos decir que, no detrás, si no delante de don Quijote -en su mirada, en sus intenciones- estaba Dulcinea. Ahora bien, Dulcinea no es una si no muchas y todas ellas, unificadas en una personalidad, son '~mujeres de don Quijote".
...La mujer ha preocupado casi obsesivamente al varón narrador, poeta o fabulador, y aún al religioso o místico, quien no pocas veces la ha sublimado, desde que la humanidad empezó a dejar huella simbólica de su paso por la tierra. En los primeros escritos tenemos constancia de ello. Ha resultado ser la mujer un misterio sublime que, cual olas en incesante vaivén, se ha venido a explayar, bien en los campos o corrientes idealizadas, bien por los senderos prosaicos y trillados, bien por los vericuetos dantescos de una desfiguración infernal, reflejo de un mundo bajo, dominado por pasiones desenfrenadas.
...En sus orígenes, el varón narrador -pasarían milenios antes de que lo fuera también la mujer- busca en ésta a la compañera que llene su soledad y sea partícipe de sus sueños y realidades, buenas o desafortunadas, pero la recrea cómplice de sus pasiones, es más, causa de sus caídas o fracasos. La primera mujer Eva es una excusa y un escudo a la incapacidad varonil por enfrentarse él sólo a la vida. La "madre" de la humanidad es descrita como la raíz del mal en el mundo, tentadora y cómplice junto con la serpiente, encarnación del mal: "por una mujer entró la maldad en el mundo". Por tanto, parirá con dolor y estará sometida al varón. Lo mismo sucederá con Pandora en la cultura previa indoeuropea y con Elena de Troya, en la mitología griega. Y así podríamos ir multiplicando las mujeres arquetipo del mal (supuestamente) de la literatura universal, creación de la mente varonil, sin duda insatesfecha o frustrada al no ver saciados sus apetitoS carnales. Tal misoginia durará hasta bien entrada la Edad Media, ya en su línea descendente, cuando surge la poesía provenzal y el "dulce estilo nuevo", sublimado por Dante, y más tarde, las novelas de caballería, en cuyas corrientes literarias se nos ofrecerá a una mujer semidivina, por influencia directa del cristianismo del mundo occidental, que nos presenta a María, la Madre de Jesús, como modelo de virtudes y de perfecciones, ejemplo a imitar. Se ensalza en la mujer su pureza, su belleza sin par y su poder cuasi omnipotente. La mujer empieza a ser descrita como angelical, casi divina, y hasta en ocasiones, como en los libros de caballería, tendrá dotes celestiales. Así surgen y se multiplican las mujeres idealizadas y sublimadas, como Beatriz, Laura, Fiametta y tantísimas otras más.
...En esta herencia, que he descrito de forma esquemática~ llegamos al prerrenacimiento~ en donde abundan ejemplos de ambas corrientes, aunque se va abriendo paso el camino que trazara en las postrimerías de la Edad Media esa isla conceptual y poética~ que fue el Arcipreste de Hita, con su inigualado monumento poético pozo de experiencia acumulada de siglos el Libro de buen amor, según tengo demostrado en varios libros.(2)
Cervantes tiene el mérito de haber encerrado en la figura de Aldonza/ Dulcinea las varias representaciones y caracterizaciones dadas a la mujer en la

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literatura anterior. Encontramos en ella, simultáneamente, aunque no confundidas,
las diversas vertientes femeniles que le preceden, haciendo hincapié en el aspecto divinizador o redentor de la mujer, o liberador de la soledad y de las penas del varón. Hallamos allí, en efecto, en las páginas regocijadas de El Quijote múltiples y diferentes rasgos, los cuales vienen a reproducir los rostros y corazones que se podrían apropiar a la mujer del momento y de hoy, literariamente hablando, o encarnadas en diferentes mujeres de la vida real.
...Por otro lado, la mención particular que hice del Arcipreste de Hita no es intrascendente, sino que responde a una soterrada influencia suya sobre Cervantes. Claro está que son varias las mujeres descritas por el jocondo y sensual clérigo -prueba viviente de la fuerza del instinto pasional en el ser humano, por encima de las promesas de castidad- y en Cervantes, una, pero pluriforme. No obstante, ya se ve en Juan Ruiz la doble, al menos, faceta en una misma mujer o grupo de mujeres, las "serranas", en las que vemos personificadas simultáneamente la idealización femenina y la rusticidad, el prosafsmo y hasta la fealdad esperpéntica de la misma, hasta tocar los linderos de la misoginia.

 

La Aldonza real y la que don Quijote imagina
...Cervantes, en la caracterización de la dama protagonista de El Quijote, le atribuye rasgos similares guardadas las debidas proporciones- a los otorgados al protagonista, don Quijote, los cuales fluctúan entre el mundo real y el mundo ideal, imaginario o de la ilusión, frente a la cruda realidad de una Castilla reseca, enfrentada con el mundo de esperanzas, un tanto idealizadas, magnificadas por una mente que ha visto mundos más perfectos, si bien también le ha tocado vivir realidades peores, como la cárcel y el cautiverio. Tal dicotomía se aprecia ya desde el mismo momento en que, en el primer capítulo de la novela, nos describe a la dama como fluctuando entre Escila y Caribdis. Por un lado, está la realidad patente experimental: "en un lugar cerca del suyo [de don Quijote] había una moza labradora..." Una labradora moza, ubicada en una región concreta, aunque indeterminada, similar a lo que escribió al incio de la novela: "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme..." (1, 1). Es la realidad dentro de un mundo impreciso, una de las técnicas literarias cervantinas. Accede luego la intervención de la función imaginativa sublimadora: dicha moza era "de muy buen parecer"-más adelante dirá que no era mas que una campesina ruda-de quien él en un tiempo anduvo enamorado, a pesar de que ella jamás lo supo ni se dio cuenta. Se confirma la fluctuación y la ambivalencia, es ese "si es no es", el "sic et non", propio también de la caracterización novelística de Cervantes, que podemos designar como oscilatoria o fluctuante. El hecho de que don Quijote, persona ya en el declive de su existir, próximo a los sesenta años -entonces edad, más que de madurez, de ancianidad- se enamorase de una persona mucho más joven que él -de unos veinte años, supuestamente- es un indicio de lo que ansían no pocos varones que no sintieron antes las caricias femeninas de una esposa amorosa, en la paz de un hogar sosegado, o que no tuvieron la satisfacción natural del amor cumplido con la compenetración de la compañera de por vida. Ahora, al ver que sus días se consumen irremediablemente, sublima lo que no pudo ser realidad. Es también el ansia de no pocos varones maduros, quizás insatisfechos con la insuficiente complacencia amorosa de la consorte, frustrados a lo mejor por sus rechazos persistentes, más que nada por desgana, monotonía o inapetencia de ésta, buscan en una joven, una especie de "Lolita", prevista o prefigurada por la mente prodigiosa de nuestro Cervantes, la ilusión

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casi marchita. Esa es la mujer -una de ellas- por la que suspira don Quijote. Su novia" preferida.
...Al mismo tiempo, vemos expresada aquí otra realidad innegable en el varón: enamorarse de una dama agraciada, de juventud apetitosa. Como queda dicho, la moza ansiada por don Quijote era mucho más joven que él. De donde, su enamoramiento era de tipo platónico, confesado por el mismo protagonista, aunque se proyectaba algo más allá de la fantasía, pues en todo omento insiste con quienes topa o se e frenta en que vayan a rendirle pleitesía. Por tanto, no le resta realismo, puesto que es la aspiración del varón.
...Después de esta caracterización inicial de la moza/dama, nos presenta Cervantes esa misma doble vertiente, con los dos nombres que le otorga: el real, Aldonza Lorenzo, y el ficticio y novelesco, Dulcinea del Toboso. ¿De cuál de las dos está don Quijote enamorado? No cabe duda de que de la ideal, aunque no puede abstraerse de la real, que vendrá en todo momento a hacerle sombra y a llenarle de dudas y sospechas...
...Puesto don Quijote en camino, convertido en caballero andante, invoca a Dulcinea, "como si verdaderamente fuera enamorado", y la declara "señora de este cautivo corázón" (1, 2). Este "como si estuviera" es también una clara manifestación de la ambigüedad utilizada por el gran maestro de la lengua española. ¿Estaba enamorado de veras? ¿Quería estarlo? ¿Aparentaba enamoramiento? Vemos en todo esto de nuevo la doble cara del mismo rostro: el aparente y el real, aunque el primero es para él tan operante o más que el segundo. Más adelante, cuando se encuentra velando las armas y se ropa con un arriero, al que toma por otro caballero, con quien imagina trabar combate, don Quijote "alzó los ojos al cielo, y puesto el pensamiento (a lo que pareció) en su señora Dulcinea", le pide que le socorra en esa su "primera afrenta" imaginaria. La posibilidad, pues, como una realidad. Luego de derribar al arriero, ofrece tal victoria pírrica a Dulcinea y la llama "esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío , al tiempo que le pide que le siga socorriendo. Tenemos aquí a su dama como un trasunto de la figura de María, madre de Jesús, que era venerada en diferentes santuarios y advocaciones por toda la cristiandad. Su dama será casi tan poderosa o, al menos, le atribuye propiedades similares. Es la mujer santa, sostén del varón, por la que don Quijote suspira asimismo. La mujer ensalzada por la poesía trovadoresca y los libros de caballería.
...En todo momento, de hecho, nuestro protagonista recurre a sus libros de caballería, como ha dicho ya, a la vez que se le ve fluctuar entre la realidad y la fantasía, alimentada ésta por el mundo caballeresco evanescente (1, 3). Visualiza, pues, a la mujer como inspiración para el varón, ayuda para el mismo y destinataria de sus trofeos o logros. Es el reverso de la mujer arcaica, cuando ella era el trofeo para el varón victorioso, como lo vemos en Criseida y Briseida, galardones respectivamente del valor guerrero de Agamenón y Aquiles. Para el caballero andante, guerrero de nuevas causas, tal actitud valía la pena, porque, como dice luego de la sangrienta aventura con Juan Halduno y su criado Andrés, Dulcinea es "entre las bellas bella"; de ahí que tenga rendido "a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha, el cual, como todo el mundo sabe, ayer recibió la orden de caballería, y hoy ha desfecho el mayor entuerto y agravio (1, 4). Aparece aquí una vez más la contraposición entre la realidad y la fantasía: él se cree armado caballero y se llama valiente y hasta renombrado, cuando apenas ha empezado su andadura. Dentro, pues, de este mundo fabuloso hallamos colocada a su Dulcinea. Es un mundo idealizado, y en él preside el poder femenino, sublimado por sobre las

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facultades racionales del varón. Es la misma concepción clásica de la mujer bella, que vuelve irracionales a los varones, como en el caso prototípico de Elena. De hecho, don Quijote dirá luego que si Dulcinea hubiera existido en la época de Elena, no hubiera sido ensalzada tanto la belleza de ésta como lo fue. Y es tal el poder de este último orbe fantasmagórico, que, en ese mismo capítulo, al divisar don Quijote a unos mercaderes toledanos", "por imitar en todo cuanto a él le parecía posible los pasos que había leído en sus libros", les obliga a que confiesen "que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso". Ésta, de moza de pueblo, pasó a ser dama de su imaginación, y de aquí nada menos que a "emperatriz", entronizada en los castillos que ha estado elaborando. Por eso lo es tanto como La Mancha es un imperio. Aquí de nuevo interviene el mundo literario, que tan familiar le era a Cervantes, igual que a su héroe ilusionado y un tanto iluso. Es, pues, una realidad mental, fruto de una fantasía exaltada, construida por ambientaciones apoyadas en mundos desfasados, pero no carentes de vitalidad o de simbolismo. Es, por tanto, un genuino y primigenio "realismo mágico", en el que se han inspirado muchos otros novelistas. No puede darse mayor imprecisión, si bien creativa de nuevos mundos, aunque simultáneamente viene a ser un reflejo de las aspiraciones de todo varón. Todas estas fantasías multiplicadas por espejos enfrentados no llevan sino a la conclusión de que el individuo suspira por la perfección ideal, la cual queda encerrada en una mujer bella y sin tacha, con la que poder llenar el vacío del corazón y lograr la felicidad, en lo posible. Es el mundo de las ideas de Platón, en el que las del Bien y de la Belleza quedan identificadas, como la realidad sublime, Bondad por la que todos suspiramos. Es el mundo de la mitología, como Afrodita o Venus, que personifican similares aspiraciones en el varón, o el de Apolo, modelo para las damas.

Lo que Dulcinea es por la tradición literaria
...Don Quijote recurre con frecuencia al mundo de sus libros de caballería, como lo fueron en sus horas de ocio para Alonso Quijano. Lo veremos confirmado en repetidas ocasiones. Los mercaderes de marras, puestos los pies en la realidad polvorienta manchega, piden a don Quijote, ante la insistencia de éste de que confiesen que Dulcinea es la más bella de todas las mujeres, que les muestre a su dama para poder opinar: acritud lógica y racional. Pero a ello se opone don Quijote, afirmando que, de ser así, no tendrían mérito, puesto que -dice- "la importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender". Concede, pues, mayor peso al mundo de lo imaginado y de lo leído y soñado a través de los libros de caballería, que a la realidad exterior y patente. Asimismo, para don Quijote el mundo de la fe -no necesariamente sobrenatural-, el mundo de lo no sentido, visto ni oído, pero imaginado o presentido, ocupa de momento un primerisimo lugar. Es un tanto aquello de los sofistas griegos de no admitir como realidad sino lo que se percibe en la mente como tal, no lo que se palpa por evidencia sensorial, o dudar de ésta. Aunque más bien cabría adentramos, si éste fuera nuestro objeto, en el mundo de las ideas de Platón, como quedó insinuado antes. Por donde concluimos, de momento, que tal mujer es una idea más dentro del mundo de las ideas platónicas, en el que se ha refugiado Cervantes, hastiado de la falsedad de la realidad experimentada por él en circunstancias diversas. Fracasado con las mujeres de carne y hueso, acude a la dama de sus ilusiones yen ella pone su confianza, porque sabe que, aunque la realidad le falle, sus ideas permanecen. Positivista, al fin y al cabo, frente a tanta calamidad. No se

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vuelve atrás en su concepción femenil de salvación del varón, pese a que fueron no pocas veces causa de sus frustraciones.
...Existe, además, otro mundo y otro ambiente que viene a influir en el de don Quijote, y es el del romancero tradicional castellano, en el que también la dama emerge entre rosas sin espinas, en paisajes bucólicos de ensoñación. Así lo deducimos de la escena, relatada en el capítulo quinto (1), cuando don Quijote es apaleado por el mozo de mulas. En tal coyuntura, como consuelo a sus desventuras, se refugia en el mundo artificial, aunque para él real, de los romances, y recita el de Valdovinos, a la par que se cree ser este personaje de leyenda. No obstante, al ser reconocido por un vecino, Pedro Alonso, quien le llama por su nombre, "Señor Quijana", éste se transforma, orgulloso, en don Quijote y confunde a su compueblano con un personaje más del mismo romance. El caballero, en últimas, no puede oponerse a la realidad palpable; ha quedado acorralado por la evidencia inapelable que le ofrece el vecino. No obstante, reacciona diciendo, y aquí tenemos una de sus claves psicológicas (o para el psiquiatra): "Yo sé quien soy, y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia...". Por la misma razón, él puede hacer que Aldonza Lorenzo sea Dulcinea del Toboso, a quien identifica en este momento con la dama protagonista de las endechas del romance, doña Jarifa. Lo significativo es que no son dos personas, sino la misma, vista bajo diversas perspectivas.

Lo que Dulcinea es por voluntad de don Quijote
...La dama de su ensoñación, realidad que acucia la fantasía del caballero andante, tiene poderes similares a María, la madre de Jesús-salvadas las distancias y con los debidos respetos: Cervantes nunca fue irrespetuoso con su Iglesia-. Así, antes de acometer cualquier empresa o batalla imaginada, como en el caso de los molinos, a los que toma por gigantes descomunales, se encomienda 'de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorra (1, 8). Actitud que se repite una y otra vez en distintos escenarios. Conocida es de sobra la devoción entrañable de todos los españoles de esa época, así como de anteriores y posteriores, a María Santísima, lo que se acredita con los numerosísimos santuarios, iglesias, ermitas, etc., dedicados a la misma, esparcidos por todo lo ancho de la geografía española. Cervantes sabía lo que escribía y cómo el lector podría asociar las expresiones citadas con la devoción mariana. Pero lo significativo del caso es que el caballero andante piensa que así es su dama también, lo que la convierte en cierta manera en persona de atributos divinos. De hecho, tal se nos presenta en ocasiones la mujer para el varón cuando sueña en ella y pone en la misma todas sus ansias, aspiraciones y confianza. No es de extrañar que el jovencito enamorado vea a la joven, objeto de sus apetencias, como un ángel o por encima de ellos, una especie de divinidad en la tierra. Los ejemplos abundan en la poesía y en la novelísitica. El mismo Cervantes pondrá después en boca de don Quijote estos razonamientos, al hablar con "el caminante" (1, 13), quien le pregunta por su dama: "Su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son de oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas,

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y no compararlas". Preguntado después por el linaje, prosapia y alcurnia de la misma, dice que no pertenece a Familias renombradas de la antigüedad ni del momento (las que cita), "pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio a las más ilustres Familias de los venideros siglos". Sancho Panza que oyó estos razonamientos, empezó a dudar de la veracidad de lo que decía su amo: en lo que dudaba algo era en creer que aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía cerca del Toboso". Empieza ya a insinuarse la Dulcinea de Sancho Panza, que se irá elaborando paso a paso a través de las aventuras. Pero, de momento, tan clavada tiene el caballero en su mente la imaginación de su dama, que por la noche no puede dormir "pensando en su Dulcinea".
...Ya de día, topó con unos frailes de San Benito, que iban de camino seguidos por un carruaje, protegido por guardias, pues en el interior se hallaban unas damas. Don Quijote, convencido de que se trata de una nueva aventura, aunque ahora tiene el contrapeso de su escudero, Sancho Panza, quien le hace recapacitar en la realidad de las cosas, derriba a uno de los clérigos y dirigiéndose a una de las que iban en el carruaje, a la que piensa que ha liberado de un imaginado cautiverio, le pide que vaya al Toboso y se presente ante Dulcinea y le diga "lo que por vuestra libertad he hecho". La fantasía opera en la actitud del caballero, sin que ni los sentidos ni la razón le puedan convencer de lo que en realidad hay en frente a él. Uno de los guardias, un vizcaíno, al verse amenazado por don Quijote, se le enfrentó, espada en mano, le atacó y le propinó una cuchillada que vino a derribar al caballero, el cual invocó a Dulcinea: 'Oh, señora de mi alma, Dulcinea, flor de la Fermosura. ..!" En el capítulo 9 contin=úa la narración interrumpida de la pelea con el vizcaíno.

Éste es derribado por don Quijote. Puesto en el suelo, lo iba a rematar, cuando las señoras del carruaje le piden que le perdone la vida, a lo que accedió don Quijote, pero con una condición,"y es que este caballero me ha de prometer de ir al lugar del Toboso y presentarse de mi parte ante la sin par doña Dulcinea, para que ella haga de él lo que más fuese de su voluntad". Actúa, pues, en conformidad con el proceder habitual de lo narrado en los libros de caballería.

La Aldonza de la vida real
....Pues bien, esta idealización vendrá a chocar con la realidad cruda, cuando se percate don Quijote de que no siempre acontece así en la vida real. De ahíla otra faceta cruda y hasta grotesca de Aldonza Lorenzo, que no tardará en aparecer.
Dulcinea es, en la realidad, Aldonza. Pero es que esta moza campesina pudo haber sido una pastora -que luego veremos que 1o fue- en exclusivo, dedicada a apacentar idílicamente ovejas, tan acariciadas por la fantasía de los poetas renacentistas y anteriormente, por los poetas clásicos, griegos y romanos. Pero, no. Es una moza, como luego dirá Sancho, "de pelo en pecho", para signiflcar sus rasgos hombrunos. Es más, está dedicada, en parte, a una función nada poética, sino muy prosaica y que suponía una actividad en cierto modo humillante o, al menos, humilde: sazonar puercos. Así nos lo dice Cervantes, aunque pone la afirmación refrendada por la pluma del enigmático Cide Amete Benengeli. Éste había dejado escrito en árabe en unos misteriosos papeles, contenidos en un cartapacio que consiguió nuestro autor, en Alcalá de Henares, en los que se leía: "Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha" (1, 9). Él, sin duda, no se atrevía a darle un oficio tan bajo, pero lo deja sentado, como una protesta a esta realidad irredenta de la mujer, como un

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grito de protesta, pues, para él, le convenía más a ella el oficio de dama de corte, que es como la quiere ver y la pinta don Quijote.
....Esta figura real y humana de Aldonza se va delineado paralelamente con la divinizada. Así, al poco de internarse nuestra pareja en Sierra Morena (1, 24), don Quijote le dice a Sancho que piensa hacer una gran hazaña: imitar al valeroso caballero Amadís, "cuando se retiró desdeñado de la señora Oriana, a hacer penitencia en la Peña Pobre". Por ello hará "del desesperado, del sandio y del furioso". Sancho le dice que él no tenía por qué "hacerse el loco", pues Dulcinea ni le ha despreciado ni le ha engañado. Por eso, precisamente -le contesta el caballero-, pues así más demostraba estar loco, por la larga ausencia de su amada Dulcinea:
"Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea". Llegaron luego al pie de una alta montaña, sitio que don Quijote escoge "para llorar sus desventuras" y a "quejarse de la dura condición de aquella ingrata y bella, término y fin de toda humana hermosura". "¡Oh Dulcinea del Toboso, día de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura, así el cielo te la de buena en cuanto acertares a pedirle, que consideres el lugar y el estado en que tu ausencia me ha conducido, y que con buen término correspondas al que a mi fe se le debe"... Luego le dice a Sancho que le escribirá la carta en el librillo y una libranza por el pollino que le habían robado. La carta se la leerá Sancho, porque, a lo que yo me sé acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía, porque mis amores y los suyos han sido siempre platónicos, sin extenderse a más que a un honesto mirar. Y aún esto, tan de cuando en cuando, que osaré jurar con verdad que en doce años que ha que la quiero..., no la he visto cuatro veces; y aún podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de ver la una que la miraba: tal es el recato y encerramiento con que su padre Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales la han criado". El caballero la ha colocado en el mundo idealizado, suspirado por él. Al oír estos nombres, Sancho la reconoce y se sorprende y nos describe a la real Aldonza, campesina sacrificada, haciendo labores de varón: "Bien la conozco, y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante, o por andar, que le tuviere por señora. ¡Oh, hi de puta, qué rejo que tiene, y qué voz! Sé decir que se puso un día encima del campanario de la aldea a llamar tinos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y aunque estaban de allí más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y 1o mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se burla y de todo hace mueca y donaire. Y querría ya verme en ,camíno, sólo por vella; porque gasta mucho la faz de las mujeres andar siempre al campo, al sol y al aire ". Aquí están los pies de barro de la sublime dama, el otro rostro, el de la realidad palpable de la mujer en una Castilla sedienta y sacrificada, en la que la dama es en realidad una esclava, no sólo del hogar sino también del campo reseco. Añade luego Sancho que ha andado equivocado, pues pensaba que Dulcinea era alguna princesa, que mereciera todos los dones y obsequios. Pero, ¿qué merecía la señora Aldonza Lorenzo "de que se le vayan a hincar de rodillas delante della los vencidos que vuestra merced le envía y le ha de enviar? Porque podría ser que al tiempo que ellos llegasen estuviese ella rastrillando lino, o trillando en las eras, y ellos corriesen al verla, y ella se riese y enfadase del presente". No puede darse más desquiciamiento de la ensoñación. El mundo de castillos en la arena del caballero

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se han esfumado con cuatro frases del que tiene bien sentados los pies en la tierra, Sancho. Pero don Quijote no se convence y le ofrece un ejemplo y da una conclusión: "Así que, Sancho por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa". [Empieza ya a reconocer la posibilidad de que su fantasía sea solo eso, una fantasía, una utopía]. Afirma que muchos poetas han fingido a sus damas por encima de la realidad. "Y así bástame a mí a pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del linaje, importa poco... Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras; que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y, para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y pínrola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad Es, por tanto, el predominio de la voluntad sobre la realidad, la victoria de la ilusión sobre la dura existencia, el convencimiento de que para la vida lo que de vetas vale, no es el resultado sino el intento. Todo lo contrario, pues, del pragmatismo imperante en el mundo actual.

De esto y otros temas similares he tratado en el "Estudio introductorio." a Don Quijote de la Mancha. Introducción, resumen, comentarios, notas y selección de textos por Vicente Rcynal. San Juan: Edit. Edil,T. 1 y II 1985 (y años sucesivos, aunque sin mi consentimiento ni autorización), t. 1, pp.7-32.
2 De su valor poético y sentido humano, así como de su valorización positiva de la mujer, he escrito varias obras, a las que remito al lector para percatarse de lo que, de forma simple, acabo de enunciar. Son: El "Buen amor" del Arcipreste y sus secretas razones (Alcácer/Humacao: Humanitas, 1982), El lenguaje erótico medieval a través del Arcipreste de Hita (Madrid: Edit. Playor, 1988), Las mujeres del Arcipreste de Hita. Arquetipos femeninos medievales (Barcelona: Puvilí Libros, 1991), El amor en los tiempos medievales..., y hoy (Barcelona: Puvill Libros, 1993), así como muchos artículos en diferentes revistas y actas de congresos.

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