MUSEO CASA ROIG    

Universidad de Puerto Rico en Humacao

 

HOGAR













 

 

Restauración de la Casa Roig
Por el arquitecto:  Otto O. Reyes Casanova

 

La restauración de la Casa Roig en Humacao se basa en un enfoque de rehabilitación y re-uso de una importante pieza arquitectónica, considerada entre las mejores obras del arquitecto Antonín Nechodoma.

Los mayores enemigos de los monumentos históricos son el hombre y la humedad, en ese orden. La Casa Roig no ha sido excepción. Durante años estuvo cerrada y sujeta al vandalismo, perdiendo gran parte de sus elementos originales, erosión gradual de su integridad. Por integridad entendemos la parte auténtica de un monumento versus pérdida, réplica o sustitución.

Debido al avanzado deterioro de su interior, causado por los años de filtración del agua por los techos, fue imposible preservar las maderas: la estructura de viguetas, las puertas y ventanas, y el elaborado sistema de cornisas, zócalos y molduras.

Por tal razón, al comenzar los trabajos de documentación se procedió a realizar un inventario total y detallado de todos los elementos que necesariamente habría que restituir. Se procedió a un estudio fotográfico del exterior e interior, y al levantamiento de dibujos de todos los espacios. Las puertas y las ventanas se encontraban muy vandalizadas desprovistas de sus valiosos herrajes originales de bronce. Fotografiamos, por lo tanto, cada uno de los 107 huecos de fenestración, salvando los mejores ejemplos de puertas y ventanas, para usarlos como modelos en reproducción. En esta fase de documentación se levantaron planos de las plantas y elevaciones y de cada una de las habitaciones interiores. Se enfatizaron los detalles de construcción de la gama de pequeños elementos de terminación en madera que en conjunto, constituyen el vocabulario propio de Nechodoma y la exaltación artesanal que representan sus obras.

Una vez terminada esta fase, el lunes, 24 de octubre de 1983, se procedió con la demolición y remoción de todos los elementos dañados. Se inició así el proceso de restauración, que dejó desnudas y en pie sólo las formidables y gruesas paredes de hormigón para, a partir de éstas, comenzar el lento proceso de recreación.

Podremos debatir cuán deseable es éste procedimiento; depende de cada caso y circunstancia. En las restauraciones de los antiguos templos del Japón construídos en madera, material perecedero, es necesario reponer cada 200 años gran parte de sus elementos, desmontando cada pieza y restituyendo los elementos dañados por réplicas. Al cabo de varios de estos procesos, en mil años, ¿hemos perdido ya la integridad del monumento?

Las obras maestras del ingeniero suizo Robert Maillard, constructor de los más bellos puentes de hormigón armado a principios de este siglo, se están demoliendo y reconstruyendo otra vez en el mismo material, réplicas idénticas del original, única alternativa de restauración cuando el hormigón llega al fin de su vida útil. Es necesario repetir este proceso una y otra vez para poder perpetuar un monumento histórico.

Para el proceso de reconstrucción contábamos con los planos originales preparados por el arquitecto Antonín Nechodoma en el 1919; ocho hojas de dibujos que mostraban las plantas, elevaciones, secciones, los detalles estructurales y los constructivos; y además, valiosísima información que detalla puertas, ventanas, comisas y vitrales.

A base de estos planos, pudimos añadir elementos del plano original no construidos, pero que nos parecían importantes y representativos de la filosofía del arquitecto Nechodoma; una filosofía que integraba el jardín a la vivienda por medio del estanque reflectivo, que fracturaba la fuerte luz del trópico con el vidrio a color matizando la penumbra interior, que capturaba esta luz y la reflejaba por medio del mosaico, y que separaba e integraba el espacio por medio del tradicional medio punto. Tal es el caso del estanque de lotos en el patio frontal, el medio punto de vitrales de la biblioteca, y la banda de mosaicos periferal en la pared del segundo piso, a la altura del borde superior de la ventana: tres elementos importantes del concepto original.

Durante la fase de investigación histórica se desarrollaron los conceptos de uso y el enfoque que debería regir la restauración. Nos enfrentamos al reto de salvar una estructura de gran valor histórico y artístico, construida como una residencia señorial, que debería ahora adaptarse y atemperarse a unos nuevos usos, a nuevas exigencias de espacio y servicios técnicos, pero sin perder sus características únicas. Además, estos nuevos usos deberían ser de carácter múltiple para permitir una máxima utilización e intensidad de uso.

Nos pareció vital salvar las escalas y proporciones del exterior, las relaciones entre altura, fenestración, grandes aleros, su proporción clásica del estilo horizontal de la Casa de la Pradera de Wright. Sin embargo, el interior se debería ampliar y modificar adaptándose a los nuevos usos: museo, centro cultural, archivo histórico y centro de investigación.

Por ejemplo, una de las determinaciones más difíciles fue cambiar la estructura de madera por una de acero. Esta decisión la dictó la necesidad de cumplir con los códigos de edificación y con las cargas vivas para la resistencia de los pisos. En el caso de las residencias se exige 40 libras por pie cuadrado, y en el caso de salas de reuniones 100 libras por pie cuadrado, dos veces y media mayor. Para no alterar el peralto del espacio para la estructura, apenas 13 pulgadas, y para no afectar las proporciones externas y la de los espacios internos, se requirió el cambio de material.

Otro cambio obligado fue sustituir las tejas del techo originalmente fabricadas con fibra de asbestos, material carcinógeno hoy día prohibido, por unas de asfalto, pero siguiendo el patrón de ajedrez en diamante. Finalmente, nos pareció importante la integración de los servicios técnicos - aire acondicionado, electricidad, plomería en una forma discreta y subordinada a la arquitectura de los espacios. Se aprovechó el sótano para ubicar los equipos de aire acondicionado, distribuyendo el aire bajo el piso de la primera planta y subiendo por paredes dobles a la segunda planta. Se añadió una rampa para impedidos modificando ligeramente la escalera lateral.

El trabajo de terminación de madera de los espacios interiores se ejecutó siguiendo estrictamente los detalles documentados durante la fase de investigación. Las líneas de las tablas del plafón, sus cortes a 45 grados, su unión con las paredes, el patrón del piso, su zócalo ancho abriendo como zapatos, los esquineros, el revestimiento de los huecos, las comisas y doble comisas en las paredes, y la línea mágica horizontal en el nivel superior de la ventana, característica de la arquitectura de Nechodoma que amarra la composición, la modula y la enriquece, fueron elementos meticulosamente recreados. Tuvimos la fortuna de conseguir un contratista que contaba con personal diestro y motivado, que realizaron de manera excelente el trabajo artesanal en madera, tanto así, que nos tentó dejarle sin el tinte obscuro, muy obscuro, que Nechodoma siempre aplicaba a la madera.

Durante la fase de la restauración fue necesario reconstruir parte de los mosaicos de cristal de la fachada frontal y las laterales. Por estar expuestos a los elementos y al vandalismo, dichos mosaicos de vidrio estrellado se encontraban muy deteriorados. Gracias a la habilidad y al interés de la vitralista Carmen Mendoza pudimos restituir con gran precisión y con gran esmero artístico este importante elemento. Los colores y las texturas de los cristales originales se consiguieron en Europa, Nueva York y California. Se levantaron calcos de los diseños directamente de las paredes y se utilizaron para las réplicas de los mosaicos. Opino que este trabajo fue el más acertado durante el proceso de restauración.

El crédito por la difícil y extensa tarea de reconstrucción, a través de ocho fases de contratos y que duró seis años, pertenece y se debe a la paciencia y constancia del arquitecto Roberto Sepúlveda, figura vital también durante el proceso de la realización de los planos de construcción y las múltiples subastas.

En el diseño de los muebles para habilitar la Casa Roig estamos reinterpretando, a través de fotos antiguas, el diseño de los muebles por el propio arquitecto Nechodoma para su residencia de Monteflores, y de muebles construidos para otros clientes, como la Casa Korber y la Mansión Giorgetti. Se mantiene así la continuidad del diseño en los interiores, característica en Nechodoma, quien integraba las texturas y los patrones del diseño desde la planta a la pared, al plafón, al vitral, o al respaldo de una silla.

Los jardines han sido diseñados por el arquitecto paisajista Angel Rodríguez, basándose en la documentación de los jardines de la Casa Roig y de los jardines exuberantes y tropicales de la casa del arquitecto Nechodoma.

No queremos concluir esta breve explicación de los procesos de restauración de la Casa Roig sin agradecer la oportunidad de colaborar en este importante proyecto. Si la restauración de la Casa Roig ha sido un éxito, mayor éxito ha sido la participación activa de toda una comunidad, junto con la Universidad, unidos en el propósito de salvar su patrimonio cultural.

Muchas personas han estado involucradas con entusiasmo y perseverancia: la familia Roig, la Administración del Colegio Universitario de Humacao, la Junta de Síndicos de la Casa Roig, la Fundación Oriental de Arte y Cultura y, principalmente, la comunidad de Humacao.

Sin la ayuda de los humacaeños no hubiese sido posible llegar hasta aquí. A ellos les pertenece el logro y el triunfo de haber podido salvar una obra importante de nuestra época; una obra que trasciende nuestros límites territoriales de Isla, una Obra Maestra de la Arquitectura del Siglo XX: la Casa Roig por el arquitecto Antonin Nechodoma.

El autor de este escrito, Otto Reyes Casanova, es un destacado arquitecto puertorriqueño estudioso de la obra de Nechodoma. Tuvo a su cargo la restauración de la Casa Roig.

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